Tragos

1000 Palabras

Miré a Milagro, quien me guiaba hacia la barra con una sonrisa traviesa en su rostro. Su mano apretaba la mía, y aunque me sentía incómoda, una parte de mí se dejaba llevar por la adrenalina de estar en un lugar tan fuera de mi zona de confort. Los ojos de los hombres y mujeres que pasábamos me escaneaban de arriba abajo, y cada mirada parecía desvestirme un poco más. Mi vestido, que ya de por sí dejaba poco a la imaginación, parecía atraer todas las miradas, y eso me hacía sentir desnuda. ¿Qué demonios estaba haciendo aquí? Milagro pidió un par de tragos en la barra, su voz se perdió en el bullicio del lugar, pero su determinación era evidente. Tomé la copa que me extendió, y el líquido transparente brilló bajo las luces. El vaso frío en mis manos me hizo recordar lo real de este momento

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