El deseo que sentí en ese momento me asustó. Me asustó lo mucho que quería que lo hiciera. Pero no podía permitir que eso pasara. No aquí. No ahora. No de esta manera. —Iván... —intenté apartarme, pero su mano se deslizó suavemente por mi cintura, deteniéndome en seco. ¿Cómo era posible que cada toque suyo me hiciera perder el control? Intenté recordarme que debía resistir, que no podía dejar que él tomara el control de la situación como siempre lo hacía, pero mis pensamientos eran un caos, una maraña de emociones contradictorias. —No puedes hacer esto —susurré, aunque no sonaba convincente ni para mí misma. —Puedo hacer lo que quiera —replicó, sus dedos trazando una línea lenta y ardiente por mi espalda. Mis pensamientos se volvieron una neblina. Todo lo que podía sentir era su proxi

