+++++ El sonido de la alarma penetró mis sueños como un martillo que caía sin piedad sobre mi cabeza. Mi primer pensamiento fue de pura queja, maldiciendo el momento en que decidí poner esa maldita alarma a una hora tan inhumana. Volvió a sonar, insistente, mientras yo me revolvía entre las sábanas, intentando ignorarla por unos segundos más. Pero claro, la realidad no perdona. —¡Ya, ya! —gruñí mientras alargaba el brazo y buscaba el teléfono sobre la mesita de noche. Mis dedos lo alcanzaron finalmente, y abrí los ojos a medias, lista para desactivar la tortura del día. Sin embargo, al enfocar mi vista borrosa, noté que no era la alarma después de todo. Era una llamada. —¿Quién diablos llama a estas horas? —murmuré con voz ronca y enredada en sueño, mirando la pantalla de mi iPhone. En

