Viktor había sacado una parte que Gia no sabía que tenía, un lado atrevido e irreverente que al final le causo mucha gracia a ella porque la odiosa de Kim casi que echa humo de las orejas al verlos, en ese momento estaba sentada en el regazo del hombre y su cabeza tirada en el hombro, estaba cansada y trataba de regular su respiración agitada mientras unas gotas de sudor se escurrían por su frente. – La comida se enfrió. – comento antes de erguir la espalda. – Podemos volver a calentarla si quieres. – metió las manos bajo la falda haciendo que ella saltara. – Estoy hablando de la que está en el carrito, tonto... – se alisó la falda – ¿De dónde diablos te sale tanta energía? Acabamos de hacerlo y ya quiere ir de nuevo. – se agachó para recoger la silla. – Llevo mucho tiempo sin una muj

