Me dirigí al claro donde los tres alfas me esperaban. Alan, Erik y Sam me recibieron con una sonrisa que no ocultaba del todo la tensión en sus rostros.
—Adrien, gracias por venir— dijo Alan, con tono serio —Necesitamos pedirte un favor.
—¿Qué necesitan?— pregunté, sintiendo que algo no estaba bien.
Erik dio un paso al frente.
—Estamos buscando una bruja o un portal que nos permita acceder al mundo oscuro. Nuestros hijos… desaparecieron allí y no los encontramos.
Sam asintió,
—Sí, llevamos días buscándolos, pero no hemos tenido suerte.
Me quedé en silencio unos segundos, procesando lo que acababan de decirme. Sentí un nudo en el estómago.
—Lo siento mucho— respondí —No sabía que habían desaparecido.
—No es culpa tuya, Adrien— intervino Alan—Pero necesitamos encontrar una forma de acceder al mundo oscuro y rescatarlos.
Caminé junto a ellos, sintiendo el peso de sus palabras.
—Entiendo. Puedo ayudarlos a encontrar una bruja o un portal… pero necesito algo a cambio.
Erik me miró directo a los ojos.
—¿Qué necesitas?
Sonreí con tristeza.
—Necesito que me ayuden a encontrar una cura para Madison, la luna de Alexander. Está muy enferma… y él está desesperado.
Sam sonrió con firmeza.
—Lo haremos. Pero debemos encontrar una forma de acceder al mundo oscuro lo antes posible.
Le estreché la mano.
—Vamos a trabajar juntos para encontrar una solución.
Mientras los trillizos hablaban entre ellos, yo me quedé en silencio. Tenía un nudo en la garganta. No quería que Alex se enfadara más conmigo. Lo llamé para saber de Madison, pero no dijo nada. Solo preguntó por la reunión. Me dio algunos nombres de brujas que podrían ayudarnos. Por lo menos, aún queda algo de solidaridad en él.
Nos reunimos en una habitación privada, rodeados de mapas y documentos. Alan me miró
—Adrien, necesitamos hablar contigo sobre algo importante.
—¿Qué es?
Erik se adelantó.
—Nuestros hijos… tienen un don especial. Pueden curar a Madison, pero primero tenemos que encontrarlos.
Sam se cruzó de brazos.
—Sí, fueron secuestrados por una bruja, una maldita y llevados al mundo oscuro. No sabemos dónde están, pero sabemos que tienen el poder de curarla.
Me quedé helado.
—¿Cómo es posible que sus hijos tengan ese poder?
Alan sonrió con nostalgia.
—Son especiales, Adrien. Tienen un don que les permite curar a los demás. Pero necesitamos encontrarlos antes de que sea demasiado tarde.
Erik puso una mano sobre el hombro de Alan.
—Necesitamos tu ayuda. Si los encontramos, podemos salvar a Madison. Sabemos que aquí hay brujas que pueden ayudarnos.
Asentí.
—Estoy dispuesto a ayudarlos, pero necesitamos un plan. ¿Qué saben sobre el mundo oscuro y la bruja que los secuestró?
Sam se adelantó.
—Sabemos que es un lugar peligroso, lleno de criaturas oscuras. La bruja se llama Tatiana. Es una de las más poderosas del mundo oscuro.
Alan gruñó, clavando sus garras en la mesa
—Tatiana… Esa maldita reencarnó en mi cachorra.
—Es una maldita— añadió Sam —Pero haremos lo que sea necesario para encontrarlos y curar a Madison.
Me levanté de la silla.
—Estoy con ustedes. Vamos a encontrarlos. No importa lo que cueste.
Erik me observó con atención.
—No somos malos, Adrien. Solo cuidamos de los nuestros. Puedes estar tranquilo.
Sam soltó una risa leve.
—Tus nervios se notan. Más bien nosotros deberíamos estar nerviosos.
—¿Por qué?
Los tres se rieron.
—Esta es tu manada— dijo Alan —Y dicen que el Alfa Alexander es una bestia.
—Más bestias ustedes, no creo— respondí, y volvieron a reír.
—Es hora de buscar una solución— dijo Erik.
Después de varias horas de búsqueda, encontramos a tres brujas, Aria, Lila y Zara. Eran conocidas por su habilidad para comunicarse con los espíritus y encontrar objetos perdidos. Los trillizos se reunieron con ellas en el bosque
Alan me estrechó la mano.
—Gracias por tu ayuda, Adrien. No te olvides de nosotros. Regresaremos pronto con alguno de nuestros hijos para curar a Madison.
Erik hizo lo mismo.
—Y no te preocupes. Estamos preparados para enfrentar cualquier batalla
—Si quieren, puedo mandar algunos guerreros para que los ayuden.
Los tres se rieron.
—Tranquilo— dijo Sam —Con Santiago y Sebastián tenemos todo.
—¿Sí?
—Son los compañeros de mi cachorra—explicó Erik —Y créeme, están que les cortan la cabeza y aún así siguen viviendo
Alan me miró serio
—Gracias, Adrien. Volveremos. No lo olvides.
Sam sonrió.
—Y dile a Alexander que estamos trabajando en encontrar una cura para Madison. Sé por lo que está pasando.
Metí las manos en mis bolsillos.
—Lo haré. Buena suerte con la búsqueda. Espero que encuentren a sus hijos.
Los trillizos se despidieron y se fueron con las brujas. Yo me dirigí al hospital. Enlacé a Cristen.
—¿Han sabido algo de Madison?
—Aún nada. Alex está como un robot. No habla, no come… Pareciera que también estuviera con Madison.
—No se le acerquen. ¿Papá dónde está?
—Se fue con los niños y tu madre.
—Gracias, amor. Cuídate mucho.
—Igual, mi vida.