«Soy Irina, recuerda mi nombre»
«Soy Irina Volkova, recuerda mi nombre»
Aquellas palabras penetran en mi cerebro y me doy cuenta de que la guapa mujer del Ferrari y la hija de Sergí Volkova son la misma persona.
El encuentro en Grecia es irrelevante, pero de alguna manera pienso que el destino ha tejido sus hilos en mi favor para cumplir con mi objetivo y conseguir mi tan añorada venganza. Se lo debo a Helena y a las otras víctimas sin nombre de ese día. A las familias que, como yo, lloraron por la pérdida de su ser querido.
Con aquellos pensamientos camino alrededor de la casa, una ronda para seguridad del hombre a quien tengo que entregar o matar. Pero mientras ese momento llega, tendré que cuidarle el maldito trasero.
Los sollozos en la distancia captan mi atención, desenfundo mi arma y camino lentamente en dirección al lago, pero no llego a acercarme antes de ver a la princesa de la mafia, sentada afuera de un pequeño Chalet. Devuelvo la nueve milímetros a su sitio y espero, simplemente espero.
—¿¡Por qué tuviste que irte!? —su grito está lleno de dolor que desgarra mi corazón y no es por ella. Es porque yo mismo le hice esa pregunta a Helena muchas veces. Porque a pesar del tiempo no he podido acostumbrarme a no tenerla junto a mí.
En el fondo de mi corazón, no sé si alegrarme de su dolor o sentarme con ella, acompañarla y llorar por el mío.
Cierro los ojos intentando apartar las ideas de mi cabeza, no necesito ninguna complicación en esta misión y soy malditamente consciente de eso, pero mis pies se mueven como si tuvieran voluntad propia, me acerco a ella y antes de poder pensar, le ofrezco un viejo pañuelo.
—No deberías estar tan sola —le digo, esperando que salga la fiera en ella y me reprenda por tutearla. Sin embargo, sus ojos húmedos brillan con ese dolor que conozco muy bien. Ese dolor que te rompe el alma y te deja arrastrándote sin consuelo y sin esperanza.
—No deberías estar aquí —me responde apartando su mirada de la mía.
—Estaba cumpliendo con mi trabajo. Luego del ataque es imprescindible hacer rondas —le explico.
—Comprendo, espero que tengas mala memoria, Xander, y olvides lo que has visto y escuchado aquí —me dice y entiendo su mensaje.
—Te aseguro que pondré todo de mi parte para olvidarlo, siempre y cuando dejes de llorar por los rincones —la provoco.
Ella gira su rostro visiblemente enojada.
—¡He perdido a mi madre y con ella todo lo que tenía! —su grito no llega a ser más que un murmullo.
—Todos hemos perdido a un ser amado por culpa de este negocio, Irina. Tú, yo y muchos más. La diferencia es que tú puedes vengarte si lo deseas, el resto solo nos queda esperar que alguien lo haga por nosotros —le digo en medio de un suspiro.
—¿La querías mucho? —su pregunta me descoloca un momento, un breve momento, el tiempo justo para verla suspirar. Entiendo el sentimiento que la embarga, el desasosiego que debe sentir.
—Sí, pero es parte del pasado —me obligo a decir. Ella no tiene por qué saber más de mí. Por el contrario, yo necesito saber todo de ella, sus puntos débiles, sus anhelos más profundos.
—Debo estar loca y ser lo bastante estúpida para estar conversando contigo. No te conozco —me dice y su mirada vuelve a perderse en el lago.
—Quizá solamente necesitas hablar —le respondo acercándome un poco más.
Con tiempo estudio su perfil. Es una mujer muy muy hermosa, su melena rubia le hace honor a su apodo. “La Leona de Volkova”, camino unos pasos más y ella gira completamente su rostro. El hematoma en su mejilla me hace apretar el puño, su labio tiene una ligera cortada y asimilo rápidamente que se ha enfrentado a su padre esta noche.
—¿Me permites ayudarte? —me ofrezco corriendo el riesgo de que se niegue. Aun así, le extiendo mi mano, esperando por ella; y cuando estoy a punto de dar por perdida la situación, su tibia y pequeña mano se posa sobre la mía.
Esto es lo más irreal. Es un momento escrito fuera del guión, esto ni siquiera debería estar pasando. La tensión entre nosotros debe ser todo nuestro vínculo. Pero no hay vuelta de hoja y caminamos al interior del chalet.
—Buscaré un poco de hielo, no puedes presentarte con un labio roto en el funeral de tu madre —le digo y ella tiembla visiblemente. —Lo siento —me disculpo rápidamente, pero ella se encoge de hombros.
—Es lo que hay, Xander —me responde y siento que su coraza está envolviendo su corazón una vez más y debo hacer algo. Malditamente, lo que sea para evitar que se cierre sin meterme dentro.
—Llora si necesitas hacerlo y te prometo que no recordaré nada de lo que aquí suceda esta noche. Tienes mi promesa —me apresuro a decirle. Ella me ve con cierta desconfianza, se frota los brazos sintiendo frío y corro a la nevera por el hielo que le he ofrecido.
Regreso tan pronto como encuentro la compresa y la coloco sobre su mejilla y su labio. Nuestros rostros están tan cerca que nuestros alientos se mezclan. Ella me mira sin parpadear y me pierdo momentáneamente en esos ojos hermosos. No puedo dejar de reconocer que Irina es una belleza y es justo el peón que necesito para mover las piezas de mi propia tabla de ajedrez.
—¿Qué haces? —me pregunta y me doy cuenta de que nuestros labios se están rozando.
—Yo —¿Qué podía decirle?, sé que estoy jugando con fuego y debo arriesgarme a quemarme o, a salir airoso de la situación, es ahora o nunca y sin pensarlo y dudarlo un minuto más, beso sus labios con pasión, aprovechando la sorpresa y su momento de debilidad.
Mi lengua lucha contra la pequeña y húmeda lengua de Irina, a pesar de no estar en su mejor momento y en su mejor versión. Ella es una auténtica fiera y puede ser que yo sea su desahogo en este momento, pero sé que también marcará un antes y un después en la misión.