K. YongSun
Nuevamente todo gira a mi alrededor, los mismos sonidos de vidrios rotos, el metal siendo hundido y los gritos de todos. Se lo que es; se todo lo que está pasando, e incluso se lo que sigue.
Pero algo no tenía en cuenta; escuchar la voz de Jungkook. Su suave voz me llamaba, y conforme el tiempo pasaba se iba haciendo más fuerte hasta el punto de escuchar un fuerte llamado de su parte y quedar en n***o otra vez.
Me siento en mi cama procesando todo, ¿Que tenía que ver Jungkook aquí? ¿Por qué él? Las pesadillas ya son normales y monótonas; pero Jungkook entró y cambió todo.
Oh por Dios, no quiero que alguien más salga lastimado por mi culpa.
(...)
- Señorita YongSun - dice alguien, pero yo sigo pensando en lo que pasó hoy.
- ¡Kim YongSun!
- ¿Que? ¿Que pasa?- digo moviendo frenéticamente mi cabeza de un lado a otro.
- Su bolso - dice apuntando a lo que tenía a mi lado.
- ¿Mi bolso? - pregunto incrédula.
- Si YongSun - dice la profesora Lee- No puedes subir al autobús con tu bolso; debes dejarlo aquí para que lo guarden junto con los otros en el maletero.
- Oh, claro - digo girando el pesado bolso que colgaba junto a mi- Lo siento.
- No hay porqué -dice el joven que está gustando las cosas.
Todos los chicos de mi clase están ahí hablando y riendo con sus amigos, todos menos uno. Y justo ese uno era al que más necesitaba.
- ¡Buu!- dice alguien detrás de mí con esa voz ronca pero suave a la vez. Al darme cuenta de quién es, inmediatamente salto a sus brazos.
-Jungkook- murmuro acurrucandome en su pecho sintiendo como las lágrimas pinchan tras mis ojos.
Por favor, YongSun. No llores, tu debes ser fuerte, no llores, no otra vez.
- ¿Estas bien? YongSun, ¿que te pasa? -dice mientras sube y baja su mano por mi espalda.
- No quiero estar sola, no otra vez - susurro.
- Hey, estoy aquí - dice levantando mi rostro para poder verlo y me da una sutil sonrisa - No estarás sola.
- Gracias... Por estas aquí, conmigo - digo ya estando más tranquila.
- ¡Bien chicos! - alerta la profesora Lee - Suban todos con su pareja, el autobús comenzará a andar.
Todos comienzan a subir de dos en dos, claro está, según con sus respectivas parejas.
- ¿Vamos YongSun? - pregunta Jungkook en voz baja y tranquilizadora.
- Si, subamos - digo separándome de él y siento un escalofrío causado por la brisa fresca.
Al subir, nos sentamos en uno de los lugares que no estaban ni tan atrás, ni tan adelante, o sea en el centro - aunque tampoco teníamos elección ya que no quedaba otro lugar -
Decidimos de que Jungkook se sentaría en el lado que daba al pasillo y yo en el de la ventana. Adivinen como decidimos eso, si, con piedra, papel o tijera; y adivinen quién ganó.
- Tendremos que cambiar de juego; siempre pierdo -se queja Jungkook.
- ¿y dejar que me ganes? No gracias. Comenzamos con ese juego y terminaremos con ese juego - sentencio.
- Eres rara.
- Y tu tonto.
- No lo s... Espera, ¿acabas de admitir que eres rara?
- No, no lo hice.
- Si lo hiciste porqué no te quejaste ni lo contradeciste.
- ¡Pero no admití nada! -chillé.
- Claro YongSun - habló sarcástico. Yo abrí la boca para decir algo pero no sabía que así que la cerré.
El flequillo de Jungkook se había corrido por haberse movido, quedando recto en su frente. Pero este con un movimiento volvió a correrlo para el típico lado izquierdo.
Yo acerqué mi mano a su rostro recibiendo una mirada perpleja de su parte y corrí su flequillo para el lado derecho. Wao, es increíble como el simple lugar de su flequillo hace un cambio en su rostro; pero aún así se ve bonito...esperen, ¡¿yo dije eso?!
- No hagas eso - dijo arreglándose el cabello.
- ¿Por qué no?
- Por que no me gus... - y volví a desordenar su flequillo - ...ta. ¡YongSun!
- ¡Jungkook! - dije de la misma manera - ¿Te puedo decir Kookie?
- No- sentenció.
- Pero si suena lindo, muy cute, Kookie.
- YongSun, detente.
- Kookie, Kookie, Koookieee
-YonSun... - advirtió.
- Koo-kie, Kookie, Kookie me recuerda a las galletitas- continúe.
- YongSun, dije basta.
- Kookie es un amargado - dije cruzándome de brazos.
- Gracias -dijo Jungkook por haberme callado.
- Kookie.
- Ya, esto fue mucho - dijo Jungkook sujetándome por las muñecas y acercándose a mi rostro, muy cerca.
¿Como se respira? Pensaba, ya que todo el aire proveniente de mis pulmones al parecer se quedó atascado ahí. Jungkook estaba demasiado cerca de mi, sentía su respiración golpeando mis labios y yo sentía un terrible dolor de estómago por los nervios.
- Estas aguantando la respiración -dijo aún cerca.
Creo que si el bus frenara Jungkook y yo o nos golpeariamos muy fuerte o nuestros labios se juntarían. El solo pensar de compartir un beso con Jungkook hace que me sonroje.
- ¿En que estás pensando? - preguntó con una sonrisa pícara en su rostro. Y no se de donde junte tantas fuerzas para empujarlo lejos de mi.
- Pervertido - murmuré.
- Pero si no dije nada, quizás tú estabas pensando en algo así -dijo soltando una risa.
- Baboso; dejame dormir que tengo sueño - dije acomodándome en mi asiento.
- ¿No dormiste bien?- preguntó a lo que yo negué -¿Por qué?
No le iba a decir que no dormí en toda la noche llorando porque cada vez que cerraba mis ojos esa horrible pesadilla aprecia y oía su voz así que sólo dije: - Bebí mucho café - y aunque su mirada decía que no me creía no indagó más.
Un grito estrepitoso inmerso en esa horrible oscuridad hizo que me sobresaltada y despertara bruscamente.
- ¿Estas bien?- preguntó un muy preocupado Jungkook a mi lado.
- Si- dije apenas ya que sentía que no podía respirar.
- ¿Necesitas algo?
- Tengo sed.
- Esperame un momento, vuelvo enseguida - dice parándose se su asiento.
Toco mi pecho y siento lo rápido que late mi corazón e intento controlar mi irregular respiración. Un minuto más tarde Jungkook llega con una botella de agua en sus manos.
- Ten - me la entrega - ¿Segura que estás bien? Te ves decaída.
- Lo estoy - miento. Todo el fin de semana no comí más que un paquete de galletas y café.
- Debería ir a buscarte un medicamento, vuelvo en...
- ¡No!- lo detengo antes - Estoy bien, enserio - aseguro. Luego me tomaría el medicamento. El doctor me tenía estrictamente prohibido tomar otros que no sean el que él me recetó.
-Okey. La profesora me dijo que quedaba poco de viaje así que no te duermas - cambió el tema; y agradecí que lo hiciera.
Y como el lo había dicho, quince minutos más tarde estábamos bajando del autobús en lo que parecía ser un bosque apto para los campamentos.