NOHA: Emma limpió y revisó cada una de mis heridas, hasta que quedó conforme con lo que le decía, ninguna era grave, salimos de la tina la senté en el banquito que usaban los niños para cepillarse los dientes, y comencé a secar su larga cabellera, para cuando terminé ella estaba peleando con sus párpados, para mantenerlos abiertos. — Déjame cargarte a la recámara. — Mmm no, ya has hecho suficiente esfuerzo por hoy. — Emma, eres tan liviana como Valentina. — No, ya no, creo que estoy subiendo de peso. — Para nada, yo te veo igual. — No deje que siguiera protestando y la cargue, para cuando la deje en la cama ya estaba dormida. La mire durante un rato más, embobado por tanta belleza, jamás dejaré que nadie te aparte de mi lado. MARCO: Regreso a casa tarde en la noche, trate por t

