CAPITULO TREINTA Y CUATRO. Lara no podía comprender lo que Thomas y el médico estaba explicándole ¿Qué se habían equivocado? ¿qué incompetencia era esa? No podía parar de llorar y sin saber si lo hacía por felicidad, por tristeza, por amor, por no sabía qué, solo le salían las lágrimas como si nada. - No llores amor mío porque me rompes el corazón. – le dice mientras besa sus mejillas y seca cada una de sus lágrimas. - Es que ¿cómo es posible que nos hallan echo esto? ¿tienes idea de cuanto me ha dañado como mujer? – Él no podía saber a eso, pero el hecho de haber creído por todos esos meses de que estaba imposibilitada para ser madre de por vida, le había dañado tanto la autoestima que por más que les demostrara que estaba conforme con la vida que llevaba, con su

