CAPITULO TREINTA Y DOS. La vida había sido muy injusta para Alex. No había conocido a sus padres, fue recluido en un hogar de menor dos veces en su corta vida y cuando al fin ve la liberta y cree que tendría una familia, la vida con aquella pareja resulta ser un verdadero infierno. El siempre se negó el sentimiento que tenía por Lucia y cuando al fin lo reconocía y se sentía bien sintiendo amor pro primera vez en su vida, su necedad la había arrebatado de sus brazos y no había culpable más que él. El tiempo había pasado, pero esa herida jamás podría sanar, no si antes ella no lo perdona y esto era imposible, porque Luchy estaba muerta. Aquella mañana, luego de meses él se levantó con una necesidad inmensa, con un ahogo en la garganta y una presión en el pecho. Quería verla, quería esta

