Galadriel Abro los ojos y lo primero que veo, como desde hace dos días, es la claridad entrar por la ventana. Paso la yema de mis dedos por la suave sábana, la agarró del borde y la acerco a mi nariz. Tiene ese aroma perfumado, pero no a flores ni nada como eso, sino algo más neutro, huele como a limpio... huelen como él. Aún puedo recordar la mañana anterior, cuando se me paro por detrás y comenzó a hablarme en esa voz tan masculina, firme y escalofriante. Sentí como mi piel se erizaba, me recorrió un escalofrío por todo el cuerpo. Sentí miedo, sí, pero también una especie de adrenalina en mi pecho. Todavía puedo sentir sus ojos celestes mirarme, como tirando dagas con la mirada. Oigo que tocan la puerta de la habitación. - ¿Si? - digo sentandome en la cama. - Buenos días Galad

