Kian La estoy esperando afuera de la casa, cuando la veo salir. Noto que lleva la misma ropa que tenía puesta, esos jeans con pequeñas manchas de pintura y la remera negra de mangas cortas, que también tiene algunos rastros de pintura. Y claro, su cabello revuelto; que tengo que retener el impulso de pasar mi mano por él para que no le tape el rostro. No puedo evitar sonreír apenas. - ¿Qué? - me pregunta también con una sonrisa. - Nada. - digo riendo. - ¿No has notado que tienes pintura? Se mira la ropa. - Diablos. - dice. - No se nota mucho, ¿verdad? - Para nada. - digo. - Bien, porque no quiero volver a subir. - ¿Ni siquiera por una campera? - Estaremos adentro, sobreviviré. - dice yendo hacia el auto. - Creo que tengo una en el auto. - digo. Me mira divertida. - ¿Qué?

