La vuelta de la diosa

1658 Palabras

El camino de regreso a casa fue un silencio en sí mismo. No un silencio incómodo, sino uno denso, cargado de las emociones de la noche y las revelaciones de la mañana. Tito no hablaba, sus manos firmes en el volante, la mirada fija en el sendero de tierra. Y ella tampoco. Apenas se escuchaban los neumáticos sobre la tierra suelta del camino, el suave susurro del viento entre los árboles, que saludaban con sus copas el amanecer tibio y prometedor. Salamandra no sabía cómo mirar al hombre que conducía. No después de lo que había pasado. No después de haberse despertado en una cama que no era la suya, desnuda, vulnerable, confundida… y, para su asombro, no aterrada. Esa ausencia de pánico la perturbaba más que el propio acto. Recordaba el momento en que abrió los ojos y vio el rostro de Gio

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