CAPÍTULO VEINTIDÓS Thorgrin, sujetando la Espada del Destino, iba montado en el lomo de Mycoples, que batía sus grandes alas, llevándolos todavía más lejos de Silesia. Se sentía hueco por dentro. Mientras se elevaban por las nubes, corriendo en el temprano sol de la mañana, él reflexionaba sobre su encuentro con Gwendolyn y no sabía qué pensar. Thor seguía recordando en su mente, la mirada que ella le había lanzado cuando él se lo dijo, cuando ella descubrió quién era su padre. Fue una mirada de terror. Había visto cómo el amor que sentía por él se enfrió con esa mirada, vio sus ojos que antes brillaban con amor y devoción, convertirse en enojo y decepción. Pensar en eso le dejaba todavía un dolor en el pecho. Thor no podía evitar sentir que su relación se había hecho pedazos, se había

