Un día, mientras la manada se encontraba en una etapa de relativa calma, un anciano errante llegó a su territorio. A primera vista, el anciano parecía débil y desaliñado, con ropas raídas y una postura encorvada. Sin embargo, sus ojos, a pesar de su edad, brillaban con una intensidad inusual. A pesar de su apariencia poco impresionante, sus palabras resonaron profundamente entre los miembros de la manada. —Tu luna está cerca —dijo el anciano con una voz áspera y arrugada—. Pero para encontrarla, deberás enfrentar la oscuridad en tu interior. Kael escuchó las palabras del anciano con una mezcla de escepticismo y esperanza. Aunque al principio dudó de la veracidad del mensaje, no pudo evitar sentir que había algo en la advertencia que tocaba una cuerda sensible en su interior. El anciano,

