Wes estaba jugando con fuego. No podía seguir enseñándole. Si lo hacía, podría ceder y besarla como había soñado desde que la conoció. Su deseo por ella crecía con cada momento que pasaba. Estuvo a punto, muy a punto, de ceder durante la última lección. Ella tenía tanto talento. Una parte de él estaba celosa de ese talento, pero no tanto como para fallarle. Ella quería aprender, y él descubrió que le daría cualquier cosa. Wes no entendía qué había en ella que le hacía necesitar hacerla feliz. Su brusquedad con ella no tenía nada que ver con ella, y sí con lo mucho que la codiciaba. Ella dijo que no quería casarse, y eso debería extasiarlo. No quería una esposa, pero por desgracia para él, la deseaba. No era el tipo de mujer a la que podía pedirle que fuera su amante, aunque cuando la cono

