Nos bajamos del avión, y la única mano amiga que tenía era Diego y su bonita sonrisa, que formaba unos camanances. - ¿Sabes cómo llegar hasta la universidad? - Pregunté, pues las indicaciones enviadas en el documento eran inentendibles - Vendrán por mí, aquí viven unos primos y ellos me llevarán, si gustas puedes irte conmigo - Sugirió con amabilidad - Sí, no creo que seas un asesino en serie - Dije riéndome, pues pensaba que cualquier desgracia que aconteciera en mi vida ya no importaba, debía aventurarme a lo que fuera pues no tenía ninguna otra ayuda, y Diego parecía ser una buena persona. - Perfecto, solo esperemos unos cuantos minutos y asunto resuelto - Añadió mientras buscaba un sitio para sentarse, yo lo seguí como una niña, la sensación que me provocaba lo que estaba viviendo

