“Lo lamento", dice. “Pero me hace feliz estar así contigo", susurro porque es la verdad. “Y a mí también me hace feliz tenerte en mis brazos", comenta, y no puedo evitar sonreír y abrazarlo. “Te quiero", murmura, y él me observa con una calma que me hace temblar. En esos instantes, es cuando la vida empieza a cobrar sentido para mí. Y así nos quedamos abrazados, contándonos historias, riéndonos y besándonos, hasta que Melisa vuelve, y sé que me tengo que separar de él. Mientras iba a la habitación, escucho gritos... "¡Cómo se te ocurre!" empezó a gritar Melisa. “No lo lamento, no sabía cómo decirte las cosas", intenté explicar. “Conozco más, es increíble lo que estás haciendo, estás confundiendo a una persona", dijo Melisa. “No la estoy confundiendo, Melisa. Yo de algo estoy segur

