CUARENTA Y OCHO "Necesitas un doctor". Arthur lo había llevado a la cocina, lo había sentado y le había servido un brandy. Domingo se sentó, con el rostro blanco como una sábana, ahuecando el vaso con ambas manos y sorbiendo mientras Arthur cubría la herida con gruesos fajos de gasa. El policía había gritado como un animal herido cuando Arthur le quitó la chaqueta y la camisa. Ahora, respirando débil y superficialmente, parecía que lo peor del dolor había pasado. "¿Sabes dónde están las drogas?", preguntó Domingo débilmente. "Cristo, ¿eso es todo lo que te interesa?". "Es todo lo que le interesa a todos. Han causado más problemas que…". Apretó los dientes con una punzada de dolor que lo atravesaba. Tomó otro sorbo de brandy. Arthur fue al fregadero y colocó sus manos bajo el agua frí

