CINCUENTA Y DOS Michael observó al hombre que salía de la casa a medio correr. Parecía aterrorizado, con la cara demacrada, un animal asustado atrapado en la trampa. Michael se asomó por la ventanilla del auto. "¿Alguna cosa?". "Nada. Revisé cada habitación. No hay nadie". "Bueno". Michael salió y miró la camisa empapada en sangre. "Necesito cambiar mi camisa. Espero que él sea de mi talla". Detrás de él, la esposa dijo: "Deberías ir al médico". Eso sonó como si a la mujer le importara. Michael lo dudaba, pero agradeció el sentimiento. Él sonrió. "Gracias por el aventón. Necesitaré tu auto, así que será mejor que comiences a caminar de regreso". "Quiere decir que…?". "¿Qué? ¿Que no te voy a matar?". Michael exhaló un suspiro y volvió la cara al cielo. "¿En un día tan hermoso? Creo q

