Pregunto con mi cara de que lo se todo, aunque en realidad no se nada.
—Esta casa —mira toda la casa —su educación, así como todos los gastos que su abuela realizó por o para usted viene de una cuenta internacional —me entrega una lista que acaba de sacar de su maletín.
Mi nombre no está en ningún lado. Los papeles de la casa, el papeleo de propiedad del terreno en el que mi abuela tiene la granja, todo está bajo otro nombre.
—Nada de esto tiene sentido, es absurdo — le entregó los papeles de mala gana.
Todo esto debe ser un malentendido, mi boca está seca, mis manos empiezan a temblar, pero lo disimulo cuánto puedo.
—Señorita Luna, su abuela sabía que un momento así pasaría y ...
—¡No!, Usted no entiende. —camino a la puerta. —Mi abuela era una mujer fría y nada comunicativa, ella jamás me diría nada es verdad, pero tampoco tiene sentido lo que dice... —Abro la puerta para irme, pero al salir me llevo una desagradable sorpresa.
Dos hombres más están esperando fuera, al acecho.
—Las personas allí —se acerca a mí —la llevarán con la persona a la que su abuela dejó como tutor legal.
¿Dijo que era con él con quién mi abuela me dejó, y ahora se supone que él no es mi tutor? Algo no anda bien aquí.
—¿Tutor?
—Así es, su abuela nombró un tutor legal hasta que usted tenga los 21 años —me entregó otro papel.
—¿Y si me niego? —me cruzo de brazos, mirándolo feo y levantando mi ceja.
¿A dónde irá, señorita?. —Se sienta cómodamente en el sillón, como si algo de esta casa le pertenece.
—usted no salía de esta casa más que para visitar al médico dos veces al año. Estudio en casa hasta el día de hoy, no tiene r************* o un móvil siquiera, tiene basto conocimiento en varios idiomas y varios talentos, además de belleza, pero ¿qué hará allá fuera en el mundo real?. —mira fuera y eso me da unos segundos para verlo a detalle.
—Sin dinero, familia, amigos o alguien en que apoyarse más que sus profesores, ¿Qué hará? —pregunta con altivez.
—Podría conseguir un empleo, saldré de aquí y...
—A los 16 años, sola y sin ningún conocimiento en el exterior, solo se aventura al inminente fracaso. —se pone de pie, toma su bolso y se prepara para salir
—puede ir con aquellos hombres, conocer a su tutor y seguir sus estudios, en un futuro independizarse tal vez y seguir su vida, o fracasar —Finaliza saliendo de la casa.
Lo veo ir directo a los tipos de traje y habla con ellos por unos minutos.
Miran hacia la casa un par de veces y luego entran todos a los autos, pero nadie se va, están allí fuera.
Cierro la puerta y me tiro en el sillón.
Miro por horas la ventana, acabo de ver desaparecer el sol en mi ventana.
No sé que voy a hacer con mi vida.
Hay tanto silencio aquí dentro, creía que al morir mi abuela saldría corriendo fuera y sería como aquel caballito de la película, pero ahora no quiero hacer nada más que seguir aquí tirada en este sillón.
Tocan la puerta y la ignoró por la simple pereza de levantarme.
Hoy no hubo piano, idiomas, leyes, artes marciales, esgrima, ni ningún otra clase tediosa, hoy fui libre, y se siente tan mal, pero la puerta sigue sonando, así que muy a pesar de mi satisfactoria flojera me levanto y voy a la puerta.
—Señorita, debe venir con nosotros. —dice uno de los hombres de traje de pie en mi puerta.
Levanto mi ceja y pongo mis ojos en blanco mientras cierro la puerta sin decir nada, pero el tipo me impide cerrarla del todo.
—No iré a ningún lado, soy ciudadana americana, no pueden sacarme de mi casa en contra de mi voluntad. —digo con sarcasmo mientras fuerzo la puerta.
Aquel tipo solo me mira sin decir nada por unos segundos.
—Señorita Luna Falú Lancasther, usted no es ciudadana americana, creí que lo sabía —dice aquel hombre de traje n***o, entrecerrando sus ojos confundidos, tal vez incluso más que yo.
Mi abuela y mis maestros me han llamado toda la vida Falú Lancasther, que llegué a pensar que en realidad solamente me llamaba así. Disimuló mi confusión, mirando fijamente al tipo, miró su pie y a sus ojos nuevamente haciendo que este retroceda, cierro la puerta y sigilosamente voy a la habitación de mi abuela.
Cómo de costumbre está cerrada con llave, busco en cada rincón y recuerdo la ropa que le quitaron para su velación, rompí la funda de la desesperación, sacó todo de allí y ¡Bingo! Encontré la llave, abrí la puerta y...
Ver por primera vez dentro de la habitación de mi abuela es realmente espeluznante e increíble.
Las paredes están llenas de fotografías de gente que jamás he visto, todos visten muy extraño, incluso el hecho de caminar tan siquiera un par de pasos me enchina la piel, siento que estoy en un lugar diferente.
En su mesa de noche hay un teléfono ¿Ni siquiera sabía que tuviéramos teléfono?. ¿Cómo es que jamás lo noté?
Abrí su ropero y está lleno de mantas y vestimentas como las de las fotografías, jamás se la vi puesta.
He pasado toda mi vida en esta casa, jamás salí más allá de la librería, mi mundo son las películas y los libros y las únicas personas que llegué a conocer fueron mis maestros, la encargada de la biblioteca y ahora estos tipos de la entrada.
Mis maestros me enseñaron sobre historia, tecnología, números y demás cosas, ellos me hablaban del mundo, pero jamás tuve vecinos . .