Los días siguientes que pasamos en la ruta, Hawke se dedicó a intentar enseñarme lo básico sobre el uso de mi poder. Me hizo abrir y cerrar el candado que me había dado como mil veces, cada vez con una indicación distinta: que la llave funcione, que no funcione, trata de cerrarlo para que funcione con una llave diferente. diferenteNo pasó mucho para que me sintiera tan frustrada que hubiera roto el candado en pedazos si hubiera tenido la fuerza necesaria. Cuando, por fin, ya no daba más, forcé tanto y tan mal la cerradura que dudaba poder abrirla y la lancé por la cabina. Hasta eso parecía complacer a Hawke. —¡Llevarte a tus límites de este modo te hará crecer más a largo plazo! —trató de alabarme, pero él se daba cuenta de que estaba por sacarme de quicio. —¡Estoy harta de esta cerradu

