La misma madrugada Canterbury Collin Mi relación con mi padre fue bastante distante siempre, pero a pesar de ello las pocas veces que pasábamos tiempo juntos se esmeraba por darme consejos sobre las mujeres, como si fuera un experto en el tema o su matrimonio con mi madre hubiese sido perfecto. Nada más lejos de la realidad, porque estaban divorciados. Aun así, lo que rescataba de nuestras charlas era aquella frase que es su himno: “no intentes comprender a una mujer, perderás el tiempo, porque nunca te dicen lo que realmente piensas, pero si crees que vale la pena complicarte la vida, ve tras ella”. Al principio, me parecía una excusa para justificar sus propios errores, pero con el tiempo descubrí que tenía algo de razón. Con mi esposa, esa frase se convertía en un consejo útil, un

