Chase Baldwin. Después de media hora, puedo decir, sin temor a equivocarme, que he prestado más atención a las expresiones y reacciones de Vanessa, que a la película como tal. Verla, es todo un gusto. Su rostro y su expresión corporal son libros abiertos que muestran cada una de sus emociones. Junto a ella, sigo el hilo de la historia. Y cada pocos minutos, su cabeza se voltea en mi dirección para verificar que yo también disfruto del momento, pero la verdad es que no dejo de disfrutarla a ella. Tan sencilla, tan natural, la veo meterse tanto en la historia que se cuenta, que no me extraña ver sus lágrimas de emoción o tristeza en varios momentos. Además de su risa, de su mueca de desagrado o enojo ante cada obstáculo que superan los protagonistas. Pero hay un momento clave. Uno que m

