Las vacaciones de invierno habían pasado en un suspiro. En el primer día del último semestre escolar André se encontraba tomando desayuno en el comedor. Era costumbre que su padre no estuviera junto a él, y el rubio casi se había acostumbrado a esa soledad, sobre todo ahora que tenía algo más libertad para salir con sus amigos o podía pasar las horas muertas en su cuarto conversando con Gabrielle, que venía a verlo a escondidas como Chouette Blanche. A veces, él también iba a verla, tanto como Rusé Carmin como él mismo, recibiendo en el último caso el cariño de los señores Morin. El recuerdo de su última visita a la familia de su amiga le hizo sentir una punzada en el pecho. Añoraba que su propia familia lo llenara de cariño, pero desde que su madre había fallecido, su padre se había dist

