11. Marcas en la piel

1118 Palabras
Los jueves en la tarde tocaba clase de deporte. A pesar de que se acercaba el invierno, el clima aún era bastante cálido. Aún así, Gabrielle decidió usar una sudadera sobre su camiseta. Luego de una hora haciendo ejercicios, el profesor los puso en parejas mixtas para los movimientos de estiramiento y flexibilidad. Para mala (o buena) suerte de Gabrielle, su pareja resultó ser André. El chico se sentó frente a ella, sonriéndole como siempre. —¿No tienes calor con eso puesto? —inquirió el chico. —Solo un poco... —susurró la peliazul, sentándose también, estirando las piernas y juntado la planta de sus pies con los de André, tal como indicaba el profesor. —De verdad estás muy roja y sudando mucho. Deberías sacarte la sudadera. No quiero que mi pareja se desmaye de calor en medio del estiramiento —comentó el rubio, haciendo que Gabrielle se ruborizara aún más luego de oír "mi pareja". Finalmente, la chica accedió y se sacó la prenda que la abrigaba dejando a la vista un feo moretón en el brazo. El profesor les indicó que debían estirar las piernas y tomarse de las manos de su compañero, haciendo fuerza para llevar el pecho a las rodillas. —¿Cómo te hiciste eso? —dijo André mientras hacían el ejercicio. —¿Qué cosa? —evadió ella con aire distraído. André se fijó en que su profesor no les prestara atención y flexionó las rodillas para acercarse a su compañera y examinarle el brazo. —Esto, Gabrielle —dijo señalando la oscura marca violácea que sobresaltaba en su blanca piel. —No lo sé, debí golpearme por ahí —dijo ella sin mirarlo. Pero ese moretón no parecía de un golpe cualquiera. André recordó a una compañera de danza que llegaba con las mismas marcas. —¿Estás segura? —insistió el chico tomándole el brazo con suavidad—porque esto parece la secuela de un agarre muy fuerte... Gabrielle zafó su brazo de las manos de su compañero. —No sé qué insinúas, Bonnet, pero estoy bien —dijo la ojiazul secamente, sorprendiendo al rubio por su reacción y la forma tan enfadada de evadirlo. —Lo siento, Gabrielle. No quise que te enojaras —susurró André volviendo a la posición del ejercicio— creo que debemos seguir antes de que el profesor venga hacia nosotros. André estaba dolido por la forma en que Gabrielle lo había tratado, sobre todo porque lo llamó "Bonnet" como si él fuera un desconocido. Por otro lado, Gabrielle se sentía culpable de haber sido tan desagradable cuando el chico solo se había preocupado por ella. Pero no quería que él pensara mal de Matt. Su moretón solo era la secuela de un arrebato de rabia y no iba a dejar que nadie condenara a su novio por eso. Los siguientes ejercicios implicaban mucha cercanía. En uno, Gabrielle estaba sentada en el suelo con las piernas abiertas y estiradas, mientras que André debía colocarse tras ella, arrodillado y empujando suavemente la espalda de la chica hasta que el pecho de su compañera tocara el suelo. Gabrielle no pudo evitar sonrojarse al sentir las manos del rubio sobre su espalda, que la empujaban de forma fuerte pero cuidadosa. Al invertir posiciones, Gabrielle prácticamente no hizo nada de fuerza ya que André alcanzó el suelo sin problemas. Pero aún así, la chica no despegó sus manos de la espalda de su compañero, acercándose un poco y sintiendo el agradable aroma de su delicado perfume. Tanto André como Gabrielle no tuvieron problemas con los ejercicios ya que ambos eran muy flexibles, por lo que ninguno de los dos se quejó de alguna molestia y no tuvieron necesidad de cruzar palabra durante todo el resto de la clase. Al sonar la campana y terminar la clase, André se puso ágilmente de pie, ofreciéndole una mano a su compañera para ayudarla a levantarse. Ella dudó unos segundos. Finalmente le tomó la mano y quedó de pie frente a él. —André... siento mi reacción hace un rato —dijo Gabrielle en voz baja sin soltarlo de la mano. —No te preocupes, prin... eh... Gabrielle. Pero debes tener más cuidado y no golpearte tan fuerte —contestó él frunciendo un poco el ceño. —¡Gabrielle! —gritó alguien a lo lejos. Era Matt que se acercaba a paso veloz. André y la aludida se soltaron rápidamente. —Matt.. yo... —Vámonos —masculló el chico tomando a su novia y alejándose sin mirar a André. El rubio quedó solo en medio del gimnasio, fulminando con la mirada al pelinegro. Aquella bailarina que llegaba con marcas parecidas en sus brazos nunca les quiso decir qué pasaba, pero todas sus compañeras murmuraban por los pasillos que su novio la maltrataba. Y, un día, la chica simplemente dejó de ir al estudio, y nunca más supieron de ella. Con estos inquietantes recuerdos rondando por su cabeza, André se encaminó a los vestidores. (~~) Gabrielle caminaba a paso veloz junto a Matt, quien la llevó a un rincón del colegio donde nadie podía verlos, la puso frente a él y la tomó fuertemente por los hombros. —Por qué estabas con él —dijo el chico conteniendo la rabia. —Estábamos en clases y el profesor nos puso a hacer los ejercicios juntos... —Ya, y a ti no se te ocurrió pedir un cambio de compañero —interrumpió Matt cada vez más enojado. —No se puede, Matt, sabes cómo de cabezotas es el profesor de gimnasia —se defendió la peliazul. —¿Y estar tomados de la mano era algún ejercicio? —inquirió Matt apretándole los hombros. —No, solo estaba ayudándome a ponerme de pie. Por favor, Matt, suéltame, me haces daño —lo enfrentó Gabrielle. Pero el chico no se movió. —¿Esto? —se burló sacudiéndola un poco— esto no es hacer daño, Mari. Es solo que quiero que te quede claro que no quiero verte al lado de otro chico, mucho menos del Bonnet ese. Gabrielle bajó la cabeza y asintió. —Lo siento, lo evitaré todo lo que pueda —susurró la chica. Matt la abrazó y luego la besó con lujuria. —No quiero que nadie... me quite... a mi Gabi —dijo entre besos. Comenzó a acariciarla por la cintura y la espalda para luego, sin previo aviso, posar sus manos sobre los pechos de la chica. Él la miró a los ojos, viendo cómo su novia se ruborizaba al sentir el contacto. Entonces empezó a masajear y apretar esa parte del cuerpo de la chica que tanto deseaba. Gabrielle lo dejaba hacer, porque se sentía culpable y pensó que esa sería una manera de calmarlo y hacer que la perdonara. Cuando Matt se atrevió a pasar sus manos por debajo de la camiseta de Gabrielle, sonó la campana. —Debemos ir a clases —dijo la chica dándole al pelinegro un corto beso en los labios. Se tomaron de la mano y fueron a sus respectivos salones.
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