— Justo a tiempo — sonríe Gabriel. — Sé que nunca llegas tarde, ¿cómo estás? — le saludo con un abrazo y un beso en la mejilla. — No podría llegar tarde a verte, ¿cómo te fue en el trabajo hoy?. — Mucho trabajo, como siempre — de reojo veo el auto de Alessandro — ¿nos vamos? — pregunto, no quiero que se nos arruine la noche. — Claro — abre la puerta del auto — entra, tengo una sorpresa — entro y cierra la puerta, da pasos rápidos al otro lado del vehículo y entra. Puedo ver como el demente de mi jefe arranca a toda velocidad, me parece extraño que no haya venido a hacer una escena de las suyas, pero mejor así, es mejor que no se involucre con Gabriel, no es alguien con quién deba meterse. — ¿Qué sorpresa tienes para mí? — pregunto con curiosidad. — Espera un poco, primero iremos a c

