— ¡Detente! — ordena de pronto y me quedo paralizado, ¿qué sucede?. — ¿Pasa algo?. — ¿Crees que voy a ceder sólo porque admitiste tu error y viniste con una botella cara hasta mi casa? — me mira divertida. — No pensé eso. — Muy bien, ya es suficiente por hoy, te puedes retirar — se levanta de la cama y me guía a la salida. — Espera, ¿qué ocurre?, pensé que la estabas pasando bien — digo completamente confundido. — Sí, la estábamos pasando bien, pero estoy cansada y quiero descansar — abre la puerta del departamento sin dejarme acomodarme la ropa. — ¿No quieres que te haga compañía?. — Bien, dormirás en el sofá — da media vuelta y camina hasta su habitación. — ¿Qué mierd...? — digo con voz apenas audible, sin terminar de entender lo que acaba de ocurrir, cuando por fin me recupero

