Capítulo 6

1627 Palabras
— Señorita Novák, creo que tienes un gran problema con el horario de llegada — dice el imbécil que entró a mi oficina detrás de mí. — Disculpe, señor Bianco, todavía estoy en mi horario, además, no soy una empleada cualquiera, soy una jefa de departamento, no tengo un horario fijo, ¿o prefiere que comience a contabilizar las horas extra? — lo miro desafiante. — ¿Con quién estabas, Cordelia? — se me acerca demasiado. — Disculpe, señor Bianco, mi vida privada no es de su interés, le agradezco que mantenga la distancia y no me llame por mi nombre de pila o lo tomaré como acoso laboral — lo amenazo. — ¿No te da miedo ser despedida? — intenta tocar mi mejilla con su dedo índice. — A usted debería darle miedo perderme, el reciente crecimiento de la compañía es gracias a mí, ahora si me disculpa, tengo trabajo que hacer, a diferencia de usted — me acerco peligrosamente a él y me aparto de golpe. — ¿Con quién estabas? — se sienta frente a mi escritorio. — Ya le dije, señor Bianco, no es de su interés, ¿puede por favor retirarse de mi oficina? — voy hasta la puerta y la abro invitándolo a salir. — Pronto estarás rogándome que me quede aquí contigo — susurra a mi oído y se marcha sonriendo de forma cínica. ALESSANDRO Todo de esa mujer me vuelve loco, necesito estudiar una estrategia para domar a esa fiera, creo que la respuesta está en mi club. Marco el número de mi asistente — averigua todas las fantasías que visita en el club — le digo. — Disculpe, ¿quién? — pregunta al otro lado mi asistente, Dominic. — ¡Cordelia Novák! — grito y corto la llamada. — Tengo que averiguar quién era ese que estaba con ella. Salgo de mi oficina y voy hasta el club, de seguro allá encontraré la manera de hacerla caer, sé que es una mujer perversa de mente retorcida, quiero saber cómo lograr hacer que confíe en mí. — Harrison — marco el número de mi viejo amigo — nos vemos en la mirada en una hora, tengo algo qué discutir contigo. — De acuerdo, termino unas cosas en la oficina y voy para alla — cuelgo y me concentro en conducir. Llego al club y voy directo a mi oficina, en esta tengo un par de sillones amplios, un mini bar con bebidas de las más costosas y una gran pantalla para observar el football, me siento a revisar algunos archivos de mis inversiones recientes hasta que llega Harrison, mi mejor amigo desde la secundaria. — Espero que me hayas citado aquí por algo importante — dice cuando entra. — La verdad es que sí, sé que conoces a la mayoría de las familias importantes de la ciudad, quiero preguntarte por alguien — me levanto y camino hasta el mini bar y sirvo dos vasos de whisky. — No los conozco a todos, eso es pretencioso, conozco a algunos, dime el nombre y tal vez pueda ayudarte — toma el trago que le preparo. — Cordelia Novák — detiene su mano y me mira con una expresión indescifrable. — Olvídalo. — ¿Qué ocurre? — pregunto confundido. — ¿De verdad no sabes nada sobre esta mujer? — pregunta incrédulo. — ¿Debería? — tomo un sorbo de mi trago. — Sólo debes dejar de pensar en ella, no está en tu nivel — dice serio. — ¿Cómo que no está a mi nivel? — río — soy su jefe ahora — digo con suficiencia. — No es a eso a lo que me refiero, sólo olvídalo — insiste. — Al menos explícame por qué. — De acuerdo, te voy a decir lo poco que sé sobre ella, hace poco más de dos años o tal vez más, ella salía con un tipo líder de una compañía que se encarga de inyectar capital en empresas nuevas, era todo un magnate y cada vez crecía más, se dice que le fue infiel y ella se encargó de hacer que su empresa quiebre y él terminara en la calle — dice con pesar. — ¿Crees que me hará lo mismo a mí? — pregunto soltando una sonora carcajada. — Sólo te digo que debes tener cuidado con ella, no es una mujer fácil de manejar — insiste. — De acuerdo — digo sin darle importancia al asunto, no voy a renunciar a una mujer sólo por temor. Continuamos bebiendo juntos hasta que llega la hora de marcharme a casa. CORDELIA Después de un largo día en la oficina, me marcho a casa, al llegar, preparo la bañera, agrego unas gotas de espuma de lavanda, voy por mi dildo de goma favorito y de a poco comienzo a dejarme llevar dentro del agua. Detengo los movimientos cuando comienza a venir a mi mente la imagen del macho neandertal de mi jefe, me seco y voy a vestirme todavía confundida por lo que acaba de ocurrir. Sirvo una copa de vino y pienso que en efecto, es un hombre atractivo, piel bronceada, ojos color verde agua, un cuerpo atlético y una estatura de 1.89 aprox. Me paro frente a la ventana a mirar las luces de la ciudad parpadeando, definitivamente hay una tensión s****l entre nosotros pero dejar a este tipo hacer lo que le dé la gana conmigo no está entre mis planes y menos, cuando cada día lo veo con una mujer distinta. El sonido de mi teléfono celular me saca de mis pensamientos, es un número desconocido, dudo unos segundos antes de contestar. — ¿Hola?. — ¿Cordelia? — esa voz me suena algo familiar. — Soy Dylan — no esperaba que llamara tan pronto. — Hola, perdón, no tengo tu número registrado — es la verdad. — No te preocupes, lo sé — ríe nervioso — ¿estás ocupada ahora?. — La verdad no, hace poco llegué a casa de la oficina y estoy por ir a dormir. — Lo siento, pensé que no dormías temprano, quería invitarte a tomar una copa de vino — ¡lo sabía!. — ¿Te parece si nos vemos el jueves al salir del trabajo?. — De acuerdo, me parece perfecto, perdón por molestarte a esta hora — dice algo decepcionado. — No te preocupes, es sólo que últimamente tengo mucho trabajo. — Lo sé, entonces dejo que vayas a descansar, nos vemos — cuelgo y nuevamente me quedo mirando a través de la ventana. Había olvidado completamente el asunto del club, debo enviar un correo electrónico para informar de las amenazas que he estado recibiendo por parte de este hombre. ALESSANDRO Llego a casa con una morena de curvas de infarto, al entrar, de un empujón me sienta en el sillón de la sala, desabotona mi pantalón y saca mi ya duro m*****o, comienza a besarlo y lamerlo, lo lleva hasta el fondo de su garganta y lo devuelve. — Si sigues así, no podré contenerme más — la tomo del cabello. — No quiero que te contengas — dice con malicia. La levanto, le muerdo el labio y la llevo a la habitación de abajo, aquí es donde me acuesto con todas las mujeres, jamás las llevo a la habitación donde duermo. Después de una noche loca, hago que uno de mis empleados la lleve hasta su casa, después que se va, subo hasta mi habitación, tomo una ducha, enciendo un cigarrillo al salir y me paro frente al balcón. Después de terminar la última calada, voy a la cama, navego un rato en las r************* y después de aburrirme me quedo dormido. Es un nuevo día y me encuentro en la oficina, he decidido no molestar a la señorita Novák, es momento de que me extrañe — sonrío maliciosamente —. Me gustaría ver cómo está vestida hoy — tocan a la puerta de mi oficina — y creo que dios escuchó mis plegarias, es la mismísima Cordelia. Viste una falda de tubo ajustada al cuerpo, color gris claro, por encima de las rodillas, una camisa blanca ceñida al cuerpo, su cabello está suelto peinado hacia un lado, sus labios rojos provocativos, unas sandalias de tacón color dorado y esos pequeños e impecables pies con esmalte color blanco, la besaría de pies a cabeza, sin dejar ni un solo lugar sin explorar. — Deja de verme como un maldito pervertido — me saca de mis pensamientos y toso para disimular la vergüenza — la obra de construcción comienza mañana, tenemos que acudir mañana al área y darles las credenciales a los obreros, también deben conocer al líder de la obra, en este caso usted, y debemos entregarles las tarjetas donde se les pagará los salarios correspondientes. — ¿Es una invitación? — pregunto con una gran sonrisa. — No, mi asistente, Kevin, va a ir con usted — rueda los ojos. — De acuerdo, mañana entonces iré con él, ¿algo más, señorita? — pregunto mirándola fijamente. — Nada más — sale rápidamente de la oficina, dejando el olor de su perfume enloqueciéndome. Ella no lo sabe pero mi cama olerá a ella, de eso no tengo dudas. Al mediodía, salgo de mi oficina para ir a almorzar y vaya vaya, me encuentro una vez más con la señorita Novák. — Creo que quieres cruzarte conmigo deliberadamente — la miro de pies a cabeza. — Me parece que es todo lo contrario — dice sin levantar la mirada de su teléfono móvil. — ¿Quieres que almorcemos juntos? — me arriesgo. — Gracias, ahora tengo un compromiso — sale a toda prisa del elevador y me quedo mirando esa hermosa figura de reloj de arena alejarse.
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