Aquí les dejo el segundo capítulo de esta historia, sin demora.
Llegó a la oficina dando un enorme bostezo, no dormí bien anoche, y pues aquí está el resultado. Le dije a Alexa que no recibiré a nadie el día de hoy, así que me voy a dormir en mi sillón, tal vez aquí si pueda dormir. Me acuesto en él y cierro los ojos.
Duermo por lo menos unos minutos cuando azotan la puerta de mi oficina al entrar y con los gritos de Alexa diciendo que no puede entrar.
—¡Necesito ver a su...!
¿Qué demonios hace él aquí?
Me incorporó un poco dando otro bostezo.
—Retirate Alexa, yo atiendo al señor Berardi.
—Sí, señorita—cuando hay personas que no nos conocen y no saben que es mi amiga me llama así.
Cómo lo que soy.
Su jefa.
Me levanto del sillón que me estaba ayudando a conciliar el sueño.
Me pongo de nuevo los tacones y camino a mi escritorio arreglando lo que el sillón desacomodó.
—¿Para qué necesita hablar conmigo?—pregunto dándole la espalda y tomando un poco de vino.
Lo necesito.
—Que le diga a su hermano que no admitiré que busque cerrar tratos con La empresa de Charles Anderson.
Con qué ese es el socio que le falta.
El idiota que intento sobrepasarse conmigo en la fiesta de año nuevo.
—Yo no adquiero los socios como se dio cuenta—él es un ejemplo de eso—. Esa parte le corresponde a Elliot, y como le dije, él no es mi hermano.
Es sólo un idiota que aplastaré cuando ya no me sirva.
—Así que no hay necesidad de que venga conmigo—digo tomándome de un trago el vino de mi copa.
Hace una cara de disgusto, pero no sé si es por lo de Charles o por lo que me tomé. Tal vez mal interpretó la situación.
—¿Segura de eso?—arqueo una ceja.
—Señor, Berardi, tengo entendido que usted fue uno de los socios escogidos por Elliot, yo soy la imagen de la empresa y la que se encarga de las negociaciones, y Elliot los socios con los números que yo le doy. Así que sí tiene queja, vaya con él.
—Ya me habían advertido de usted—arqueo una ceja—. Su padre la entrenó bien. Pero aún así... ¿Cuánto tiempo me da antes de que me la llevé a la cama?
—Nada, no es el único que se ha propuesto eso.
—Yo no voy a ser quien se lo pida—dice levantándose de la silla, se encamina a la puerta y me dirige una última mirada antes de salir—, usted lo hará.
Cierra la puerta, y todavía sigo indignada por la gran seguridad de sus palabras.
¿Yo pedir placer?
En sus sueños.
Aunque no digo que...
¡No!
Él no será de los que pasen por mi cama, y yo no seré una más en su lista de conquistas.
(_+_)
Escucho la radio mientras manejo a mi casa, hoy salí temprano, y le pedí a Alexa que le llamará a Robert para que no pasará por mí, la música en la radio ayuda a qué no me duerma, y en serio que lo agradezco.
El sonido de la guitarra eléctrica y el del motor de mi auto ayudan a qué me ponga a cantar a todo pulmón la canción que suena en la radio llenando mi auto con ese sonido tan envolvente.
Estacionó en mi casa, y salgo del auto, mi casa, más bien es una mansión pequeña, yo me encargue de que fuera así.
Mi padre me dejó dinero suficiente para vivir sin trabajar, pero yo no soy así, y me puse a trabajar, con el dinero que me dejó compré la mansión. Tiene una alberca en la que nado de vez en cuando, un hermoso jardín al que atiendo personalmente, mi abuela me pego ese gusto, un enorme patio donde puedan jugar los hijos que todavía no tengo...
Ni creo tener.
Si quiero, pero aún no llega el indicado.
Lola baila al ritmo de las canciones de una cantante mexicana que también me gusta. Me gustan varios, pero a Lola no le gustan los demás por qué son para un público joven.
Lola no entra en ese segmento.
—Vaya que estás alegre—le digo y me sonríe.
—No te esperaba tan temprano—me encojo de hombros sonriéndole.
—Vine a darme un baño y a dormir hasta que me duela la espalda.
Me hace la seña y me voy a mi cuarto.
Me meto en la regadera y dejo que el agua relaje mi cuerpo, todo mi cuerpo disfruta del agua que cae por mi piel, salgo de la ducha, me pongo una bata translucida para dormir, me acuesto en mi cama y me quedo profundamente dormida.
(_+_)
No sé como me deje convencer de esto, pero aquí voy, bueno, me llevan, Alexa fue por mí hace rato me arregló, y me saco en mi auto, ella va manejando, yo voy pensando como es que terminé en mi auto con un vestido que me llega a mitad de los muslos y que de los pechos es bastante atrayente, la maldita me lo regalo hace una hora. Los tacones que llevo son más altos que los que uso usualmente, pero se ven bonitos, y los puedo caminar.
Me lleva por las calles de la ciudad con la radio prendida, no me dice nada, sólo conduce, sé que quiere un nuevo Amo o Ama, es la ventaja de que la perra sea bisexual, estaciona en el estacionamiento con una larga fila pegada a la pared. Trago saliva, pero me bajo del coche, la mayoría de las personas que hay en la fila se giran a vernos, pues mi auto llama demasiado la atención.
Aunque también hay autos un poco más caros que el mío.
Caminamos a la puerta donde el guardia deja pasar a Alexa, la sigo, pero el guardia me detiene.
—Viene conmigo, Max.
Me deja pasar, sigo a Alexa muy de cerca, al entrar el olor a cuero y cereza invade mi nariz, Dios, el olor es fascinante. Mi entrepierna manda una sensación que me calienta el cuerpo, hay demasiadas personas, aquí, algunas conviviendo y disfrutando del ambiente, unas están cogiendo a plena vista y no hay ningún pudor en eso.
—Por allá encontraremos lo que buscamos —me susurra Alexa.
Toma mi mano y me jala entre las personas que hay en el camino, algunos no reparan en nosotras, pero otros dejan caer su vista en una de nosotras, se detiene en una de las barras que hay en el lugar, uno de los chicos que sirven las bebidas deja dos para nosotras. Me siento rara en este lugar, pero admito que me encanta estar aquí, no sé porque no había venido antes.
Alexa se aleja de mí, la veo perderse entre las personas y ponerse de rodillas ante un hombre que no duda en tomarla del cabello y decirle algo en la cara, trago saliva. Paso a esto. Los veo levantarse e irse.
—¿Eres nueva? —pregunta alguien detrás de la barra.
—¿Se nota?
—No es raro ver a uno que otra chico como tú aquí —señala la barra completa y veo a chicas y chicos—, la mayoría no consigue Amo o Ama la primera noche, y vienen todos los días.
—¿Cómo te llamas?
—Jason.
—¿Cuánto llevas trabajando aquí?
—Desde que abrió —creo que podemos ser amigos.
Me quedo hablando con él un rato, al parecer dice que nadie me ha hecho un gesto que indique que quiere que vaya, que sí me han visto, pero que no me han pedido.
Le pregunto por el baño y me dice que en la planta alta, cerca de la entrada, le digo que enseguida vuelvo, ya no he visto a Alexa, supongo que ya consiguió lo que quería, paso lo que parece una reunión y de reojo me parece ver alguien conocido, no le presto atención y sigo con mi camino. Veo las dos puertas, el baño está sólo, entro en el primer cubículo que se encuentra limpio, después de unos segundos escucho la puerta abrirse y luego cerrarse, lo que se me hace raro es no escuchar tacones, bueno, puede ser una idea de alguien andar descalza.
Puede ser.
Termino mis necesidades, salgo del baño y voy a lavarme las manos, ¿Qué demonios hago aquí? Si quiero sexo puedo tener a quien yo quiera para un rato, esto es absurdo, saldré de aquí, iré a despedirme de Jason, le daré mi número para vernos fuera de esto, y listo, jamás regresaré a este lugar, que la loca de Alexa sea la sumisa de quien quiera, es mi amiga y no le diré nada por sus prácticas sexuales.
Me lavo las manos en calma, al levantar la vista veo a Samuel parado tras de mí con un gesto neutro.
Me giro para sonreírle con una de las tantas sonrisas cínicas que he hecho.
—¿Qué se le perdió señor Berardi?
—¡¿Qué demonios haces tú, aquí?!—me grita.
—Es muy mi problema, ¿no?—su gesto sé endurece.
—¡Lárgate de aquí, Ema!—eso pienso hacer, pero no porque él me lo diga.
—No soy su sumisa, señor Berardi, no puede darme órdenes—empiezo a caminar a la puerta cuando me toma de la mano y me estampa contra una pared.
Sus manos recorren mi cuerpo y yo no evitó el ceder a ese tacto.
Deja besos a lo largo de mi cuello, mi piel se empieza a calentar, junta su cuerpo a mí para que no me mueva de dónde me tiene.
—¿Quieres ser sumisa, muñequita?—ese tono.
Mete su mano entre mis piernas y yo le doy el acceso, su maldito toque es tan gratificante. Gimo cuando hace mi ropa interior a un lado y su dedo pasa por mi clítoris.
Jadeo.
—Sí—me las ingenio para decir.
Dios, no quiero que se detenga.
Sus dedos hacen maravillas en mi zona.
Joder.
Aprieto las manos y mis gemidos empiezan a salir de mi boca.
—Se escucha tan bien esos sonidos—jadeo contra la pared. No quiero darle la satisfacción de mis gemidos—. No preciosa, no me vas a privar de escucharlos.
Introduce un dedo en mi v****a y ahora sí gimo.
—Eso es—interna otro dedo y me vuelvo loca ante esa sensación, uno de sus dedos masajea mi clítoris mientras los otros están adentro—. Sabes que muñeca, lograste tener lo que viniste a buscar. Seré tu Amo, sí así lo deseas, te doy una semana para que lo pienses, para tener mayor aceptación del trato irás a mi oficina a decirmelo personalmente.
Saca los dedos de mi v****a y se aleja de mí. Me doy la vuelta, no me va a dejar así.
—¡Termina lo que empezaste!—arquea una ceja y se acerca mi de nuevo.
—No, cariño, si yo quiero te cojo en el lavamanos, pero como no quiero, te largas a tu casa o te llevo yo arrastras sí hace falta.
Lo confrontó con la mirada.
Eso lo hace enojar.
Se agacha para cargarme y llevarme como un costal de papas.
Sale conmigo del club y me lleva hasta mi auto, me quita mi bolso, estoy por decirle que yo no tengo la llave cuando las saca y abre al coche.
¿Cuándo me las hecho Alexa?
Me sube en el asiento del copiloto y se sube a la parte del conductor.
Me abrocha el cinturón, luego el suyo, y prende el motor de mi lindo auto que rápido nos hace dejar el lugar. Voy callada, y pensado.
¿De verdad quiere ser mi Amo?
Me parece una broma o chiste malo.
Lo que se me hace raro es que se sepa el camino a mi domicilio, lo miro de reojo, pero no dice nada, sólo conduce. Llegamos a mi casa, bajamos del auto, me hace la seña para que camine.
—¿Ya cenaste?—pregunta a mi espalda.
—Ya.
—Modera tu maldito tono—gruñe a mi espalda.
Quiero responderle como sé que se merece, pero si accedo a que sea mi amo me dolerá el castigo que me deje.
Abro la puerta de mi habitación, de la nada me gira y besa mi cuello, quiero lo que él quiere. Sus manos bajan a mis muslos para subirme, envuelvo mis piernas en su cadera mientras sigue besando mi cuerpo. Mis labios no los toca.
Nos deja caer en la cama, estoy por quitar una de sus prendas cuando me detiene.
—Hoy no te voy a coger—me recuerda.
—Señor...
—Poco a poco, mi niña—besa mi nariz con dulzura—. Por el momento, sólo vamos a dormir.
Tragó despacio.
Se levanta y encuentra la pijama que me quite hace unas horas.
—Pontelo, sin ropa interior—dice dándome la bata.
Dijo sin ropa interior.
No me quiere coger, pero me quiere desnuda a su lado.
—Te estás tardando.
Me levanto y me quitó la ropa bajo su mirada, mi entrepierna se está humedeciendo.
Mis pechos y mi parte baja quedan expuestos, no... Trago.
Me pongo la bata. Me hace la seña y me siento en la cama, se empieza a quitar la ropa frente a mí, jadeo despacio, sus músculos me son revelados y yo sólo tragó saliva. Dios, cuánto quiero lamer esa tablita de chocolate.
Su bóxer muestra el enorme bulto que cubre, jadeo.
Se acuesta a mi lado, se quita el costoso reloj y lo pone en la mesita de noche que hay en su lado de la cama. Me acomodó en la cama. Me abraza por atrás y junta a su cuerpo.
—Dulces sueños, Ema.
—Descansa, Samuel.
Tristemente no tendremos día de actualización en esta historia, puede que no sube en días y en otras que tengan doble actualización en una semana.
Pero sé que amaran a estos personajes y odiarán a otros...
Los dejo.