Dos días después No había sido capaz de poder mirar el rostro de mi hermano. Sentía que no merecía hacerlo y mucho menos, tenía la fuerza para poder mirar su cabeza y saber que ya no estaba vivo. Por lo que fue Pablo y Yohana quienes se encargaron de confirmar que era su cabeza. No tenía la más remota idea de dónde estaba su cuerpo, pero, de eso se estaban encargando los demás, por lo que, yo solo me quedaba en mi habitación llorando y lamentándome por haber tardado tanto en resolver un problema que era de vital importancia y urgencia. — Paulina, necesito que salgas ya de tu habitación. Es momento. —Dice alguien tocando a mi puerta y yo suspiro profundo. Nos habíamos marchado inmediatamente de Nueva Zelanda después del enfrentamiento que habíamos tenido. Pero, incluso en los aviones qu

