Byron llegó a Londres, pero antes debía buscar donde hospedarse y legalizar su estadía en este lugar. Había muchas personas y era incómodo para ambos. Justamente era la hora de más movimiento
La ciudad de Londres donde ellos vivían no había tanta personas juntas como este lugar. La gente caminaba de acá para allá, con sus sacos y sus trajes. Las Calles estaban repletas de transeúntes que la hacían ver pequeña, y ni hablar de los carruajes se vean por todas partes. Ese era Londres de 1700, a pesar de las guerras que se vivían en ese entonces.
Byron salió de su carruaje primero y se sentía perdido ante tanta gente, todo era nuevo. El otro chico que venía con el lo tocó del hombro para que reaccionara.
—¿Te sientes bien?—Le pregunto
—Solo estoy mareado aquí hay mucha gente, es estresante—respondió el.
De pronto empezó a analizar todo lo que sucedía y se dio cuenta con quién hablaba. Esa persona no era más que un extraño para el y continuaron hablando como si nada.
—Debes acostumbrarte, este será nuestro nuevo hogar, vámonos en pocas horas caerá la noche.
El estaba algo nervioso hablando con una persona así, lo único que le inspiro confianza en el fue su ropa que era bastante cara en comparación a la ropa usada que llevaba.
Caminaron buscando la dirección de un hospedaje. Pasaron cerca a un mercado, aquel decido parar y comprar ciertos alimentos.
—Creo que deberíamos dejar esto para mañana—Comento Byron.
—Estamos cerca, y tú te vez perdido. Se nota que no eres de aquí. Te robaran si empiezas a mirar así a la gente. Recuerda que estamos en guerra contra España y Francia. Hay espías, piratas y todo tipo de gente. Te pueden confundir y encarcelar.
—Yo…eh…eh…no se que decirte…yo.. no segui.. contigo…tu…
—Ya entiendo, crees que soy un estafador. No te preocupes, yo soy el hijo de un duque de Bristol. Aquí tengo mi identificación.
Aquel chico le mostro su identificación. La cual tenía varios papeles bastante viejos, los cuales mostraba toda su información. Lo cual era algo que Byron no tenía.
—Esta bien…dime, ¿Por qué confías tanto en mi?. Yo soy un extraño.
—Por la ropa que traes no vienes de cualquier familia y al parecer te diriges a la universidad. Aunque el país tiene enfrentamientos en todas partes del mundo el estudio debe seguir. Bueno, creo que no me eh presentado. Mi nombre es Samuel yo voy a la universidad de Oxford. Mis padres viven en el puerto de dónde venimos.
Byron no sabia si creerle solo agacho un poco la cabeza y lo siguió en silencio después de esa conversación.
[…]
Los dos llegaron a una serie de edificios que tenían habitaciones que estaban en alquiler. Cada uno pago la suya, y se separaron. Después de haber hablado, ninguno de los dos quiso hablar de lo que pasó. Solo se encerraron en sus habitaciones a planear que harían mañana. Estaban a semanas de ingresar a la universidad. Debían llenar una serie de papeles para comprobar una serie de conocimientos previos.
Byron era el que más problemas tenía. Leyendo los papeles y contando el dinero. Por fin concluyó lo que sus padre lo había enviado a morir en ese país. Todo fue un engaño la cantidad de dinero que tenía solo le duraría medio mes, aunque sabia que era un viaje sin retorno. El no se espero que su padre fuera tan cruel y lo dejara en un país extranjeros aun sabiendo las condiciones en las cuales se encontraba el mundo.
Tiró todo al piso y se recostó en la puerta. No quiso salir y ver de nuevo a ese chico. Se sentía algo nervioso al verlo por sus movimientos y sus gestos, tan femeninos.
No sabia que hacer con su vida. Su única forma de cambiar su estilo de vida era falsa, lo enviaron a hacer nada a este lugar.
[…]
Al día siguiente aquel chico de cabello marrón y ojos café. No salió en ningún momento. Se mantuvo escondido y pensó en terminar con su vida. No tenía a nadie en este mundo, solo fue un estorbo. Empezó a escribir cartas dónde mostraba si rabia hacia su familia y se quejaba de la vida que le habían dado. Todo era un simple desahogo que nos serviría para nada.
Mientras pensaba en todo, alguien toco la puerta. Byron no quiso hablar, se quedó en el más rotundo silencio. Hasta que esa persona insistió tanto que hizo que el chico abriera la puerta.
Samuel estaba parado allí con una serie de escrito, entro como si nada, y cerró la puerta.
Esa actitud molesto a Byron, quien iba a reclamarle, pero el empezó a hablarle.
—Byron…bueno tú nombre es poco común… Bueno están buscando piratas y espias por la ciudad. Tu tienes papeles de Portugal. Mejor bota eso, y toma estos.
El no sabia de que él hablaba aquí chico. Comenzó a leerlos y quedó un poco confundido.
—James Thomson, está es información de otra persona, pero ¿si él aparece?.
—Lo mataron y lo robaron hace unos meses, un pobre diablo al cual nadie busca, ¿o prefieres que te cuelguen?
—Obvio que no, pero ¿Por qué haces esto?.
—Bueno…yo…..eh…me caes bien…y no quiero que termines bajo tierra..
Byron lo miro un poco confundido y empezó a imaginar una serie de cosas.
—Ya veo…tu….eres de esos.
El chico trato de irse de la habitación, pero Samuel se lo impidió y se recostó en la puerta.
—No soy lo que piensas…me obligas a hacer…esto.
El se quitó el antifaz y empezó a desvestir un poco al frente de Byron. Lo cual lo puso un poco rojo y logro incomodarlo.
Su rostro era algo redondo y tenía una los rasgos faciales finos. Sus ojos eran azules y su cabello rojo.
—Espera…¿Eres una mujer?... Pero…
—Si, me escape de casa, no quería casarme y vivir encerrada como el trofeo de un niño bobo, me gusta estudiar y a mis padres les molesta eso. Estaba apunto de casarme y les deje todo iniciado, pero yo ya se los había dicho. No queria casarme. Seria perder la libertad con la que estuve luchando por mucho tiempo.
—Pero el dinero y tú ropa… ¿Tu abandonaste tus familia?
—Son alajas que me regalaron en toda mi vida. Solo son adornos sin ningún valor para mí, las vendí por un buen precio soy una buena negociante.
Byron, no sabia que decir, estaba algo perdido. Solo soltó una palabras para hacerle caer en cuenta el error que ella estaba cometiendo.
—¿Si yo fuera un espía que harías tú?.
—Yo he visto a varios espías, y no se ven como tu. La ropa que llevas lo dice todo. Heredaste esa ropa, incluso no te queda y se ve algo desgastada.
Byron se sintió algo humillado a al escuchar eso y agacho la cabeza. Empezó a pensar y decidió preguntar porque aquella chica le confiaba este secreto.
—¿Por qué confías en mí?.
—No es que confíe en ti. Si crees que eres sospechoso me investigaran a mi también. Ambos debemos tener alguien que abogue por el otro. Incluso me podrían matar y yo no voy a arriesgarme. ¿Aceptas o no? Yo te ayudaré a ingresar a la universidad.
—Esta bien, pero bajo un condición.
—¿Cuál?.
—Que te cases conmigo
La mujer se enojo por eso, llegó al mismo punto de retorno al que tanto le huyo. Se molestó a tal punto que Byron se acerco a explicarle.
—Digamos que es voto de confianza entre ambos…¿la mayoría de los matrimonios son arreglados no?. A ti solo te importa aprender, no los títulos. No voy por tu dinero, ni nada, pero no tengo a quien acudir solo me podría apoyar en ti. Es la única unión que tendríamos, si algo te pasara. Tus padres no llegarían a tiempo para ayudarte. Yo no tendría como velar por ti, no somos familiares ni nada.
Ella se puso sería.
—Veamos…si yo muero mis padres te dejarían todo a ti….no es buen trato…hasta podrías matarme para quedarte con todo mi dinero.
—Míralo por el punto bueno, solo es un matrimonio arreglado, tu decides, lo mejor es que estén casada así sea de esa forma. Entiende una mujer no puede andar por ahí. Te pueden hacer algo si te descubren. Además tus padres no están aquí. Los hombres son los que mandan y las mujeres solo deben agachar la cabeza. Y…yo pensé que eras ya tu sabes, eras uno de esos.
—En serio, ¿Se nota tanto?.
—Pareces un hombre afeminado. Desde el primer momento en que te vi.
La chica estaba un poco apenada, y miró a Byron.
—Esta bien, pero necesitamos testigos.
—Ok, lo pensare…ah…mi nombre es Madison Jones.
Mientras hablaban Byron, empezó a pensar muchas cosas. Una de ellas como esta chica había llegado tan lejos y como consiguió toda esa ropa y esos papeles, su mente divagaba un poco por ese asunto.
Ella salió de la habitación y trato de pensar todo lo que había pasado. Ese chico la había enredado un poco, pero la hizo llegar a una conclusión definítiva. No podía estar sola por ahí.
[…]
Dos días después la chica había conseguido todos los papeles para aprobar su matrimonio. Byron pensó mucho en ese asunto y llegó a la conclusión de todo. Ella era la hija de algún juez y sabia cual era la firma de el. De esa forma supo cómo hacer todo los papeleos.
Buscaron a dos personas del común y les pagaron para firmar y atestiguar su matrimonio.
Madison tuvo que vestirse como una novia con un vestido blanco sencillo y enaguas para el compromiso. Byron se contuvo para no hablarle de su aspecto físico en ese momento. Ambos se miraban incomodos, mientras todo ocurria como ella esperaba. Sentía que no era lo apropiado. Y la ceremonia se hizo de una manera simple, además recibieron la ayuda de un cura que por una fuerte suma de dinero, por lo cual no se negó a nada.
La noche de bodas fue una noche más. Cada uno estuvo en su habitación, ninguno de los dos se deseaba, ni tenía algún tipo de atracción por el otro. Solo eran amigos que tenían un sueño y simularian estar casados.
Byron, mientras tanto empezó a ver las carreras que podía hacer junto a ella, y cuidarla de cualquier inconveniente que podría tener. Todo apuntaba a que fuera medicina ya que tenía métodos de enseñanza eran muy libres, pero le daba miedo por las pestes y que Madison tuviera algún percance. Empezó a preocuparse un poco por ella, no podía ordenarle nada, ya que ella le había dejado las cosas claras y no tenía nadie más en el mundo además de esa chica.
Miró por la ventana de su habitación, pudo ver la luna llena moverse lentamente. La noche era bastante fría y con la luz de una vela el podía leer todos los papeles de su compromiso. Aunque por ley el era el único dueño y podía manejarlo todo. No era capaz de traicionarla ya que estaba en un país ajeno y bajo continuos problemas a su alrededor.
Mientras la noche avanzaba fueron capturadas varias personas por comportamiento sospechoso cerca al hospedaje donde vivía la pareja. Los guardias que se encargaban de custodiar la ciudad, llegaron a la conclusión de hacer una requisa por todo el lugar hasta encontrar el resto de involucrados en este asunto.
Un grupo de hombres se preparó para revisar cada habitación, la cual se haria sin ninguna excepción.