—Jane, ¿No quieres contarme lo que pasó allá?
Jane seca las lágrimas que lograron escaparse de sus ojos y sorbe por la nariz antes de poder responder sin que su voz se quiebre.
—No es necesario.
—Amiga, te ves triste. Me preocupas.
—¿triste yo? ¡Nada que ver!
—Jane, siempre es necesario desahogarse, de lo contrario, puedes enfermar.
—¡Qué va! No me voy a enfermar por algo como lo que acaba de pasar. Además, en este momento lo menos que necesito son oídos que me escuchen. Lo único que realmente preciso es de media hora de práctica en el campo de tiro.
—No puedes descargar tu rabia contra un papel de blanco de tiro.
—¿Quién dice que no? —sonrie con tal malicia, que por un momento, Mary creyó ver un centelleo en los ojos de Jane.
—Eso no es sano, amiga.
—Quizás, pero sin duda es mejor opción descargar las municiones de mi armamento en quién tengo en mente... ¿no crees?
Mary no necesitó de más referencias para entender de lo que hablaba Jane. También descubrio lo rencorosa que puede llegar a ser la joven mujer de apariencia tranquila que considera su única y gran amiga; era raro escucharla hablar de esa manera pero no pudo culparla, después de todo, ella misma ha tenido esos pensamientos macabros después de descubrir la infidelidad de quien una vez fue su esposo.
—Es verdad. Pero procura que no te escuche Lorena, sino te suspenderán como pasó con Ben.
—Esa psicóloga de poca monta está más loca que todo el departamento junto. No sé como es que la dejan ejercer en la estación.
—Ella está hay por ser sobrina del comisionado, sino fuera por eso... ¡Que bellos! —Mary señal repentinamente hacia la vitrina de exhibición de una tienda de calzados dejando en el olvido la conversación que sostenía con su amiga— Debemos ir a ver.
—Maru, ¿Por qué eres tan distraída?
—¿Ah?....
—Ya olvidaste lo que me ibas a decir ¿Verdad?
—Mmmm... —vuelve su vista hacia donde están los zapatos— si. Ya no recuerdo que era lo que te estaba diciendo —se encoge de hombros mientras sus ojos singue enfocados en la vitrina de la tienda que no estaba tan lejos de ellas.
—¡Ashhh! —niega con su cabeza—decias que Lorena está en la estación por ser sobrina del comisionado y sino fuera por eso... —su mirada expectante se clava en Mary pero está parece no estar escuchandola.
—Ya olvida a Lorena —agarra la mano de Jane con toda la intención de guiarla hasta la tienda de calzado que ha robado toda su atención—, ahora vamos, necesito comprarme un par de esas preciosidades.
Jane ancla sus pies al suelo, por lo que Mary no la puede mover, luego deja caer su cabeza, sus hombros y se corba considerablemente, ante está actitud, Mary deja de intentar hacer caminar a Jane y la mira como quien espera una excusa creible.
—Mary, de verdad, el poquito ánimo que tenía cuando llegamos se esfumó después de la extraordinaria charla que tuve con Jessica.
—¡Ja!... Extraordinaria... Si, ¡cómo no.! No sé que fue lo que te dijo pero estoy segura que esa "charla" —hace comillas con los dedos índice y medio de ambas manos— fue todo menos extraordinaria.
—¿No conoces el sarcasmo, amiga?, además, todavía estoy muy molesta contigo.
En el rostro de Mary se instala una gran interrogante.
—Olvidas que has sido tú quien acepto la estúpida invitación a comer. —Mary mueve su cabeza de lado a lado al tiempo que agacha su mirada— Tú misma intuiste que algo se traía entre manos esa loca. ¡Nah! Pero solo te dejaste llevar por la absurda necesidad que tienes de querer averiguar cuánto misterio se te pasa por el frente —se cruza de brazos y frunce su ceño.
—De lo último no me puedes culpar —intenta refutar.
—¿Cómo por que no?
—Porque somos policías y tendemos a indagar a las personas que parecen ocultar algo. Eso todo mundo lo sabe.
—No. Eso no tiene nada que ver con que seamos policías, esa necesidad es solo tu obsesión personal... Pero esa Idiota... —murmura lo último arrastrando las palabras envueltas con tanto odio que Mary ha quedado boquiabierta.
—Esta bien. Lo siento. Es verdad que muchas veces no me mido, y es verdad que debí apoyarte cuando me pusiste como excusa para rechazar la invitación de Jessica... pero creo que ese"idiota" tan cargado de odio está de más, Jane —expone sin darle chance a continuar con lo que decía.
—Ese "idiota" no estaba dirijido a ti, tonta —rie.
—¿Entonces?
—Me refería a Jessica.
—¿Ah?, ¿Jessica?
—Si. Es que justo acabo de recordar que la vi pellizcar la pierna de la bebita solo para tener una excusa para sacar a Josh de escena y lograr hablar conmigo con mayor libertad... ¡Ash, que coraje! definitivamente hay mujeres que no deberían ser madres.
—¿En verdad la pellizco?
—¡Claro!, la vi tan clarito como te estoy viendo a ti ahora. Estoy segura de que esa mujer es mala.
—Bueno, es cierto que está mal que pellizcara a la nena, pero mira que decir que no debería ser mamá —ladea su cabeza— creo que exageras.
—¿¡Exagero!?— exclama con evidente indignación— ¿Acaso no escuchaste el semejante llanto que solto la nena? No fue un pellizquito. Y lo que más me hace hervir la sangre es imaginar lo que puede ser capaz de hacer cuando está sola en casa con esa criatura —se queda pensando unos segundos— ¿cómo tratara al mayorcito? ¿Será que también le pega? ¿Josh estará al tanto?
—Quien sabe —se encoge de hombros.
—Deberia poner la denuncia en el departamento correspondiente.
Mary se queda mirando a Jane. Por un momento le pasa por la mente la idea de que quizá su amiga solo está buscando un medio para vengarse de Jessica por todo el mal rato que le hizo pasar en el restaurante, pero su cara de preocupación es genuina así que desechó ese primer pensamiento de inmediato.
—Para hacerlo, primero tienes que tener alguna evidencia física. Segundo, por tu historia con la familia un abogado defensor puede intentar desechar todo acusándote de tener un claro prejuicio en contra de la madre y...
—Entonces, ¿Qué hago? pensar que esa loca maltrata a sus hijos no me va a dejar dormir.
—A eso iba, pero tú no me dejas hablar —se cruza de brazos y volte la cara a un lado.
Jane suspira largo y tendido antes de llamar la atención de Mary.
—¿Cuál es el plan?
Mary vuelve su mirada a Jane y sonríe insidiosa.
— Planeo cobrar algunos favores y averiguaré si algo anda mal con Jessica y sus hijos, y si ese es el caso, yo misma voy al departamento correspondiente para que se pongan manos a la obra. Solo te voy a advertir que si pido que abran una investigación se irán con todo y si Josh está implicado no lo voy a cubrir.
—Yo no te lo permitiría tampoco.
—Bien. Ahora sí, podemos seguir con nuestro plan original. —junta sus manos a modo de ruego.
—¿compras y fiesta?
—Obvio bebé...
Jane se lo piensa unos segundos antes de asentir con su cabeza. No muestra mucho entusiasmo pero Mary lo pasa por alto pues su objetivo era lograr convencerla.
[...]
Para el final de la tarde Jane y Mary ya estaban más que listas para tener una noche alocada, bueno, esto último era más el plan de Mary que el de Jane porque la última solo tenía en mente ahogar su tristeza en el alcohol.
—Ya sabes... mañana amaneceremos enfermas.
—¿Vas a seguir insistiendo en eso? ¡Estas loca!, ¿Y si el capitán nos descubre en la mentira?
—¿Tú le vas a decir que es mentira? Porque yo no.
Jane inhala profundo y suelta el aire poco a poco mientras intenta poner sus ideas en orden, solo que cada vez que intenta pensar su mente se inunda que con los recuerdos de Josh.
Esos recuerdos que ya no eran sus favoritos pues tenía que resignarse a seguir adelante sin él, y además, mostrarse alegre por su familia cuando realmente no lo estaba. Ella solo rogaba a Dios por encontrar algo que la ayudara a alejarlo de Jessica..
—Bien... mañana nos reportaremos enfermas y hoy beberé hasta olvidar mi nombre —declara muy determinada.
—¡Bien! Ese es el espíritu.
Dicho eso, las chicas entrelazaron sus brazos y salieron del departamento de Jane.
[...]
Como las chicas planearon reportarse enfermas para poder divertirse toda la noche sin preocuparse por despertar temprano para ir a trabajar, Mary sugirió ir a un club que está algo alejado del centro de la ciudad y Jane acepto sin poner peros.
Después de un largo recorrido en la carretera, un taxi dejo a la chicas en la dirección que Mary indico.
El letrero luminoso con el nombre Glover's bar es lo primero que ve Jane a través de la ventanilla cerrada del vehículo. Mary le paga al taxista y ambas salen del auto que no demora nada en dejarlas sola en aquel lugar.
Jane miro a su alrededor y noto que el pueblito se veía bastante animado, se parecía mucho a la vida nocturna de su propio pueblo, el mismo donde creció junto a Josh.
—¿Sucede algo? —preguntó Mary al ver que las mejillas de Jane estaban húmedas.
—Si. Todo bien —intenta sonreir— empecemos con esto —dijo después de sacudir su cabeza como si con eso pudiera lograr sacar todos aquellos todo lo que había en su mente.
Mary la analizó en silencio antes de asentir efusiva.
Caminaron hasta la puerta del bar y un guardia de seguridad las miro de arriba a bajo.
—La fila es por allá, señoritas —dijo serio y señalando a un costado del bar.
La fila era bastante larga pero Mary no tenía la intensión de ir a formarse para entrar.
—¿Tan viejo estás que no me puedes reconocer? — cuestionó Mary con tono aniñado dirigiéndose al guardia.
Este la escaneo nuevamente con la mirada y termino abriendo sus ojos tanto como sus párpados se lo permitieron debido a la gran sorpresa que se ha llevado al reconocer a la joven rubia.
—¡Maldición! ¿Mary?
—¡Claro que soy yo, tonto!
—¿Cuándo volviste?
—No he vuelto, solo estoy por aquí para pasarla bien un rato.
—Entiendo entiendo... —el guardia vuelve su vista a Mary— supongo que anda contigo... ¿Es detective también?
—Sip... Pero tranquilo que hoy no venimos por trabajo, como te dije, solo quiero divertirme.
El guardia, que mide como unos dos metros, y que casi ocupa todo el ancho de la puerta, quita la cadena que impedía el paso y se hace a un lado.
—Pasenla bien entonces.
Mary le guiño un ojo al guardia y le lanza un beso al aire antes de apartar su mirada de él, este se sonrojo un poco pero recuperó la compostura cuando otro guardia lo miro serio; eso hizo que Mary ahogara una risita que Jane no iba a pasar por alto.
Una vez cruzaron la puerta el interrogatorio comenzó:
—¿Dónde estamos?
—En el Glover's bar.
—No te hagas la desentendida que muy bien sabes a qué me refiero.
—ok ok. Yo trabajé aquí un tiempo. Estaba en cubierta.
—¿Y el guardia qué?
—Él también trabajaba aquí en ese entonces. Era mi informante, pero también me acosté con él.
Jane abre sus ojos completamente.
—Mary... Sabes que eso no se puede hacer.
—No amiga, lo que no podía hacer era quedarme con las ganas ¿No viste lo bello que es ese hombre? Uff... Y ni hablar de como era en aquel entonces. Aunque las canas le sientan bien... Lo hacen ver cómo más interesante.
—Aun así. Pudiste poner en riesgo el caso en el que trabajabas.
—Es posible. Lo bueno es que nada malo pasó y yo termine comiendome a semejante bombón por varios meses —relame sus labios después de morder los ligeramente.
—Amiga controlate un poco.
—Imposible. ese hombre me descontrola y te puedo apostar que hoy terminaré bajo sus sábanas.
—Por eso vinimos hasta aquí, ¿No es cierto?
—Mmmm... La verdad es que no supe nada de él después de que me casé. Así que solo vine aqui ligando mis dedos para encontrarlo.
—Y te funcionó.
Ambas ríen sonoramente antes de sentarse frente a la barra.
—Asi es.
El bartender se acerca a ellas y Mary pide un Daiquiri y Jane un Mojito clásico.
El hombre de cabellos rojizos no demora nada en preparar las bebidas, las pone en frente a cada de las chicas y se retira de inmediato para atender a alguien más.
Mary toma la copa y le da una aprobada al trago antes de intentar recuperar la charla que tenían pero al darse de cuenta de que Jane no le ha quitado los ojos de encima al bartender se acerca a su amiga con sigilo y le susurra al oído:
—¿Te gustó el chico zanahoria?
—¿Qué? —brinca en su asiento— ¡claro que no!
—¿Por qué lo miras tanto?
—No estoy segura. Creo que he visto su cara en otra parte.
—Preguntale.
—¡No, cómo crees!
—Ok. Yo conseguiré su número para ti.
Mary levanta la mano, el bartender se acerca y ella, muy coqueta, le pide con su dedo que se acerque un poco.
Él hombre, no muy seguro, le hace caso y se acerca a ella.
Jane no logra escuchar nada gracias a la música alta que hay en el lugar y eso aumenta su curiosidad por lo que sea que su amiga le esta susurrando cerca de la oreja al guapo bartender.
Mary, con una sonrisa insidiosa plantada en su cara, se aleja del bantender y este le da un vistazo a Jane que la intimida lo suficiente para colorear sus mejillas de rojo y obligarla a centrar su atención en el trago a medio terminar que está frente a ella.
—Aqui tienes —Jane levanta su rostro y se encuentra con el bantender frente a ella.
Él sonríe con picardía mientras extiende un trozo de papel blanco doblado a la mitad.
—¿Qué es esto? —dijo sin rechazar el papel.
—Mi número. Digo, por si quieres averiguar si me conoces o no. puedes llamarme cuando quieras, pero si no tienes prisa y la curiosidad te carcome, mi turno termina ahorita a las diez y podemos hablar todo lo que te apetezca.
—¿Eh? —Jane queda perpleja mientras el chico vuelve a sus labores.
Ante la escena, Mary suelta una carcajada y es entonces cuando Jane comprende lo que acaba de suceder: su amiga planea emparejarla con aquel apuesto hombre, que por alguna razón, a ella le parece bastante familiar.