Capítulo 6: La casa de Gabrielle

1098 Palabras
—Home, sweet home —dijo ella con calma—, pasa… a mis padres les encantará verte —agregó soltando su mano y haciéndole señas para que ingresara a la casa. Entro, pidiendo permiso, como sus tíos le habían enseñado. Gabrielle rio, Brian supo que era por ese gesto, dado que se suponía que él ya había ido muchísimas veces a esa casa, pero no podía evitar esas costumbres que sus familiares le habían impuesto como parte de la “etiqueta” que tenía que cumplir. Una anciana señora salió de una habitación al escuchar eso y se le quedó viendo fijamente. Lo miró con calma, como si estuviera escaneándolo, con gestos parecidos a los que su amiga había hecho hacía un momento cuando lo había reconocido. Supo al instante que se trataba de la abuela de Gabrielle, una señora que siempre los había consentido durante la niñez. Otro recuerdo llegó a la mente de Brian, que mostraba cómo siempre la señora les preparaba sándwiches para que comieran en sus tardes de juego y le sonrió con dulzura a la señora para hacerle notar la sensación de familiaridad que ella le brindaba. Por algún motivo, su rostro había sido un poco más difícil de recordar, pero finalmente lo había recordado. —¿Cómo está, señora? —preguntó, sabiendo que no recordaba el nombre de la señora, pero al menos podía intentar referirse a ella como “señora”. —Tenías mucho tiempo sin venir, Brian —sentenció la anciana tras concluir el análisis detallado del muchacho. Ella también era de pequeño tamaño, como Gabrielle, mostrándole al castaño que ese tamaño era de familia. El chico dio una amplia sonrisa en dirección a la señora, alegrándose de verla y ella le devolvió la sonrisa mostrando su escasa dentadura. —Abuela… ¿viste quién está aquí? —Gabrielle apareció repentinamente tras él, pues lo había dejado un momento para ir a su habitación. La pequeña lo abrazó con fuerza y lo hizo sentir muy bien muy bien. —Sí, sí, ya lo vi… está muy grande ese muchacho —comentó la señora con tono burlón—, les prepararé sándwiches, como en los viejos tiempos —expresó con una enorme sonrisa la anciana y Brian también se alegró. —Excelente, abuela… los llevas a mi cuarto. Dicho esto, la pelinegra tomó de la mano a Brian otra vez y lo hizo caminar hasta su cuarto. Otra memoria llegó a su mente al pensar en esa habitación, pues hacía unos años estaba llena de peluches y un montón de dibujos en las paredes hechos por el hermano mayor de la chica. Y sinceramente no había cambiado nada… los mismos peluches y muchos otros más, así como las paredes casi totalmente empapeladas con dibujos de muchos personajes de comics. Una computadora se hallaba al fondo de la habitación, junto a la cama, sobre la cama destellaba un relicario, uno que él recordaba a la perfección, pues se lo había regalado él mismo en su noveno cumpleaños y también notó una cantidad curiosa de libros en las estanterías, demostrándole que ella seguía siendo una ávida lectora. La muchacha se echó en la cama de un salto y le hizo señas para que le hiciera compañía, muchas veces se habían recostado juntos en esa cama a hablar hasta quedarse dormidos. Recordó en ese momento que su madre siempre iba a la casa de Gabrielle a buscarlo cuando se acercaba la noche y los encontraba dormidos juntos. Tras evocar eso, hizo lo de siempre y se recostó junto a ella, mirándola fijamente. En sus memorias pudo notar que conocía cada una de las facciones que ella tenía hacía muchos años y sonrió. Evidentemente había cambiado lo suficiente, los años la habían transformado en una belleza. Era más hermosa que en su infancia, su mirada era completamente dulce e infantil, sus labios rojos se habían vuelto brillantes y hasta provocativos, se sintió tentado a admirar nuevamente su cuerpo, pero no quiso que fuese obvio que le había gustado la apariencia que en esos momentos la chica tenía. Sí, podría haber pasado por un pervertido si estuviera en otras condiciones, y por eso necesitaba relajarse. —Estás hermosa. —No pudo evitar decir. Gabrielle se sonrojó tanto que en su blanca piel se veía claramente cómo la sangre se acumulaba en sus mejillas y se podían hasta apreciar las pequeñas arterias que vascularizaban esa zona. Brian sonrió, sabiendo que él no era el único hechizado en esa habitación. —Lo siento, es que tenía mucho tiempo sin verte, y mirarte así me ha conmovido demasiado —se sinceró—. Te recuerdo tan hermosa y, a pesar de que ya lo eras, notar que ahora lo eres más, me tiene atontado. El sonrojo de Gabrielle creció. —Tú también estás muy guapo —admitió ella bajando la mirada. Iba a decir algo, pero la puerta se abrió en esos momentos, ambos se incorporaron en la cama repentinamente y vieron pasar a la abuela de la chica, con unos sándwiches. La anciana rio por la actitud de los jóvenes. —Lamento si interrumpí algo, les traje los sándwiches para que coman algo —expresó dejándolos sobre la cama y acto seguido se retiró. Era una señora demasiado agradable y seguramente estaba muy feliz de pensar que su nieta había recuperado a su amigo de la infancia. Y él nuevamente no pudo dejar de pensar que estaba completamente hechizado por la pequeña pelinegra de ojos marrones con la que se había reencontrado. Gabrielle y Brian comieron silenciosamente, sin siquiera mirarse a la cara, como tratando de encontrar algo que decir. Él no dejaba de voltear a verla de reojo, pero tampoco sabía qué hacer para hablarle sin demostrar desesperación, sentía ganas de acercarse, abrazarla, besarla y tocarla. Justo en ese momento recordó a Quinn y maldijo el hecho de tener novia. ¿Sería conveniente decirle a su amiga acerca de la existencia de esa pedante chica sin cerebro a la que llamaba “novia”? ¿O sería mejor negarlo rotundamente para poder estar más cerca de ella? Lo cual sería una posibilidad prometedora, salvo por el hecho de que Gabrielle ingresaría próximamente en la Universidad Central de Doriuxs y, por ende, podría enterarse de una u otra forma acerca de la existencia de Quinn. Pero… ¿y si terminaba con Quinn antes de que su dulce pelinegra se enterara? Todo eso le hizo recordar acerca de la promesa que le había hecho a Gabrielle hacía muchos años, cuando eran sólo unos niños de 10 años…
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