Con Una cara de mucho trasnocho, Emmanuel se detiene en un semáforo, y llama a Salma diciéndole: — Hola cabellos risos. — Hola Emmanuel. — ¿Cómo dormiste? ¿Acaso soñaste conmigo? Salma se sonríe exageradamente, y le miente, diciéndole: — Claro que no, yo no soy tan fácil como cualquier otra mujer. — ¿Así? — Para conquistarme, tienes que hacer mucho. — ¿Y que tengo que hacer? — Pues en estos momentos no se me ocurre nada… espera, si, tengo ganas de patinar sobre hielo. — Yo no sé patinar. — Bueno, ahora que recuerdo, eso está cerrado. — ¿Y deseas mucho hacer eso? — Si, se me acaba de antojar. — Pues vamos a Madrid. — ¿Hoy mismo? — Si, hoy mismo. — Espera, espera… si, y solo si, yo tengo ganas de patinar sobre hielo, pero dejémoslo para otra o

