La chica me mira con una sonrisa y mi mente confundida comienza a imaginar en las locuras que habrá hecho Sean para conseguir todo esto estando lejos. - Usted es una mujer afortunada, señora Haynes. - Si, aquí va otra babosa por Sean. - Muchas gracias. - Digo tomando mi bolsa y la tarjeta negra con letras doradas en una hermosa caligrafía. - Vuelvan cuando quieran. - Nos despide la mujer y agita su mano cuando vamos saliendo. - ¿Giss? ¿Anna? - Pregunto mientras ambas salen justo detrás de mí - ¿Por qué están tan calladas? Claro, cuando me giro para mirarlas, puedo ver sus bocas llenas de chocolate y a ambas intentando tragar. - ¡Oh, por favor! - Me burlo y ellas intentan sonreír con toda esa cantidad de chocolate en sus bocas. Camino hasta una banca que se encuentra afuera de

