2. Mezcla personal.

1142 Palabras
Las luces siguen apagadas y las voces de todos estos tipos inundan una a una con total orden el silencio pulcro de la sala, yo tenía claro, bastante claro para ser precisos que debía estar escuchando lo que decían y poniendo atención a las imágenes del proyector, pero para mi sorpresa una parte de mi cuerpo, un poco al sur para ser muy concreto no dejaba de pedirme que alzara la vista de nuevo y mirara al "gran jefe" un poco más. Y ahí estaba yo perdido en su cabello perfectamente peinado, mis ojos bajaron lento hasta dar con cada detalle de su traje, que puedo apostar fue hecho a la medida, debo admitir muy objetivamente que él es guapo hasta decir basta, y eso que la luz no es la mejor para poder observar a semejante espécimen. De nuevo su mirada viaja entre todas las personas y recae en mi como si sintiese cuando lo observo, nota mental: ser más discreto. Aparto la mirada rápidamente no quiero que mi carta de despido diga: se va por ser un stalker de tiempo completo. Pero para mi sorpresa en los segundos venideros noto como es el señor Miller quien tiene su vista sobre mi y comprendí que todos esos chismes de radio pasillo tenían razón, él puede hacer que te tiemblen las rodillas, sin siquiera tu notarlo. En cuanto se dio por terminada la reunión, el señor Miller se pone de pie, y de manera rápida abotona su saco sastre, en su muñeca izquierda hay un reloj del tipo ostentoso y logro ver tinta de un par de ¿tatuajes? Debí haber visto mal, supongo, y rodeado del séquito de ejecutivos sale de la sala, no puedo evitar observarlo hasta que desaparece con un halo de perdona vidas emanando de él. Al llegar a mi área de trabajo y con más de diez propuestas para trabajar en los prototipos que se expusieron en la reunión, para la nueva publicidad de nuestros clientes, me doy cuenta que mis compañeros de departamento una vez más han decidido dejarme solo, aprovechándome de ello abro la aplicación de Spotify en mi computadora y pongo un poco de música para comenzar a trabajar. Al ser asistente del encargado de campañas, mi tarea es la de encontrar locaciones, modelos, hacer la lista del personal a utilizar en el staff, llevar cuenta y control de todo lo necesario, me gusta, aunque amaría ser parte del diseño y ejecución eso probablemente será más delante. Para cuando observo la hora en mi celular, me doy cuenta que han pasado las suficientes horas y debo de irme a casa, tomo mis cosas y comienzo a caminar, una de las agujetas de mis tenis se deshace y un ese preciso par de segundos en que me agacho para poder hacer el nudo de nuevo sirvieron para que perdiera el ascensor que en lugar de bajar empezó a subir — ¡que jodida suerte la tuya Evans! — me digo a mí mismo. A gracia divina, observo como el numero encima de la caja marca el numero catorce mi piso, las puertas se abren a la par del leve pitido que te anuncia que el ascensor esta a tu disposición, alzo la vista y unos increíbles ojos color avellana me observan fijo, Robert Miller está de frente, aún lado de la botonera observándome. ¿Recuerdan la parte del sur de la que hablamos hace rato? Vuelve a tomar vida por si sola y comienza a cosquillearme todo de arriba abajo. Él es guapo, no, no un guapo común, es más que eso, de nuevo su ceño se frunce y por un instante su mirada se vuelve más intensa e intimidante, probablemente, se este preguntando ¿por qué carajos pierdo tanto tiempo para subir? No me atreví a preguntar nada, vaya, ni siquiera me atreví a pronunciar una sola palabra, el aire se me atoro en la caja torácica cuando su brazo paso frente a mi y de manera ruda y obtusa pulso el botón para ir al vestíbulo. Cuando recordé como se respiraba, noté como su elegante aroma a perfume de marca y una extraña mezcla entre menta y cigarro se comía bocados el aire de la caja metálica, olía jodidamente bien, como te imaginas que debe oler un hombre rico, o tal vez un chico malo, de esos que salen en los comerciales en el desierto o semidesnudo en una cama. Mi vista viajaba a los dígitos rojos que marcaban los pisos, los nervios se estaban comiendo mi estomago y más aún cuando de reojo pude ver que él no me quitaba la vista de encima, el botón del descaro se oprimió dentro de mi y me di el valor necesario para verle yo también. Cuando se dio cuenta que no le bajaría la mirada un gesto de enfado se marco en su precioso y afilado rostro, en ese momento supe que no le dio nada de gracia mi genuino interés, para mi buena fortuna las puertas del ascensor se abrieron, sin decir nada más el señor Miller a paso apresurado sale de ahí, dejándome embriagado con su mezcla personal y ese aura de misterio que de pronto me hace sentir desubicado. Esta de más decir que necesite un par de segundos para recobrar un poquito de sentido común, y para que negarlo para poder llenarme los pulmones con el delicioso aroma que dejo encerrado, estuve a punto de subir y bajar de nuevo solo para poder disfrutarlo. Insisto para la ciencia. Cuando la consciencia llego de nuevo a mí, comencé mi camino hacía el metro, iba perdido entre la música que salía de mis audífonos y los reflejos de las luces en los edificios, sin tomar algo en particular pero por un segundo, el cambio de luces de un auto y el bocinazo más puñeteramente escandaloso de la historia me hicieron parar en seco. Una camioneta negra línea de lujo quedo aparcada a mi lado, lentamente el cristal polarizado bajaba y mi garganta trago lento y duro, de manera dolorosa, comenzaba a sentir miedo, el cristal llego solo a la mitad, pero no necesite más, la mirada penetrante del señor Miller calo profundo nuevamente en mi — deberías tener más cuidado y subir a la acera para eso se hicieron — la voz en su "regaño" sonaba aún más ronca que en la reunión, lamí las labios y me limite a asentir con la cabeza, ¡Dios! Este tipo me dejo en estado catatónico en medio minuto. El cristal subió de nuevo y la camioneta se perdió de mi vista en un santiamén, mordí mis labios para controlarme un poco, mi corazón tenía un marcado latido en mí, quisiera poder echarle la culpa al susto. Pero de nuevo era la vida, dándome eso que no pedí, pero de lo que sin dudas quiero.
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