Capítulo IV-3

1943 Palabras

―Sí, pero no salpiques mucho, ¡no me mojes! ―le dijo ella. Se puso a hacer largos a braza, disfrutando del agua, de esa delicia, que no esperaba encontrar, ni en el mejor de sus sueños. La de tiempo que hacía que no podía nadar así tranquilamente, sin la preocupación del trabajo, sin que una ola traicionera le rompiera el momento de relax, sin que las voces de algún que otro niño, jugando en la arena de la playa, le distrajera, porque en esos instantes, fue como si todo, todo, se hubiera borrado de su mente, como si aquella agua hubiera limpiado toda preocupación, solo sentía su suave contacto en la piel, ¿cuánto tiempo había transcurrido?, no lo sabría decir, no había sido consciente de ello, pero de pronto al abrir los ojos y verla a ella la preguntó: ―¿Cuántos llevas tú? ―¿El qué? ―p

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