Capítulo II-6

2436 Palabras

―Pero ¿que me está contando?, ¿para eso le sirvió la Teología? Marta enrojeció y Jenaro al verla, la tomó de la mano y la dijo: ―¡Cariño tranquila! Monseñor sonriendo se disculpó: ―¡No quería molestarla! ―No, si no me ha molestado usted, es que no quiero decir que no me sirviera, ¡claro que me sirvió, y mucho!, porque de echo hizo que mi vida diera un vuelco. ―¿Y eso? ―preguntó Jenaro curioso―. No me lo habías dicho nunca. ―¡Señores, llegamos a la Catedral!, ¿qué hago? ―preguntó en ese momento el sacerdote que iba conduciendo el coche, interrumpiendo la conversación que llevaban en el asiento trasero. ―¡Espérenos aquí!, supongo que enseguida volvemos y si no, me acercaré para decirle que se marche ―le dijo Monseñor abriendo la puerta del vehículo y bajando rápidamente. Por la otra

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