Al escuchar ese grito de inmediato, páramos. Por suerte es una mucama. Harry de inmediato se levanta, y yo hago lo mismo. Estoy tan apenada, que solamente agacho la cabeza. Harry se acerca a la mucama y le dice: —Tú no viste nada, estamos. —Si su Majestad. Se acerca a mí, y me susurra al oído: —Tú y yo no hemos acabado. En cuanto dices esas palabras, el enojo se me sube, ¡Este hombre están insufrible! Porque no simplemente me deja en paz, tengo tantas ganas de gritar, y decirle sus verdades, pero sé que sería un escándalo de grandes proporciones. Me toca la cara, y le quito su mano, y sale si antes repetirle a la mucama: —Tú no visito nada, tu silencio será recompensado. Me quedo sola con la mucama y le pido disculpas, sin poder mirarla a la cara. —Señorita, no se preocupe, esas co

