Samuel Duff. Cuando me muevo a un lado para abrazar a Nuria y arrullarme a ella, me sobresalto porque la encuentro empapada de sudor y balbuceando cosas. Me alarmo y lo primero que hago es encender la luz de la lámpara en la mesita de noche y acercarme a Nuria, está ardiendo en fiebre totalmente empapada de sudor y sus dientes incluso rechinan. Me alarmo al verla hacer un gesto de dolor y salto de la cama para encender la luz en su totalidad y ver qué demonios hacer en esta situación. Me acerco a ella, colocándome de rodillas y tomándola en mis brazos. –Nuria mi amor, ¿Me escuchas? –noto como cierra sus ojos con fuerza. –Dios, ¿Qué hago? ¿Qué hago? –veo a todos lados. –Debes tener algunas medicinas, sé que tú eres muy cuidadosa con esas cosas, ¿Pero dónde demonios están? –continua balbu

