El sonido de mi cartera cayendo al suelo nos lleva a detenernos, nos observamos por un instante pero nuestros labios no quieren estar separados y nos volvemos a besar. Mientras intentamos adentrarnos en su totalidad a mi apartamento, nos tropezamos, chocamos con las paredes y terminamos entrando a la sala que se encuentra con las luces apagadas y solo la luz proveniente de la cocina ilumina un poco. El tac, tac, tac de mis tacones me inquieta y cuando busco agacharme para quitarlos, Samuel en silencio lo evita y termina cargándome en sus brazos. Acerca su rostro al mío y lo beso, no tengo necesidad de decirle qué camino tomar, porque nuestros apartamentos se asemejan y él sabe dónde debe ir. El sonido de nuestras respiraciones me escandalizan y los jadeos que brotan de mis labios me est

