Con la mirada puesta en toda la extensión del lugar, Ridey Bernabéu está atento a cualquier cosa. Hace un rato que se percató de que vinieron por la hija de Samuel y sin embargo aún no sale Nuria del sitio. Desde que recibió una llamada dándole la información de que Felipe Román había vuelto a Boston, no dudo en subir a su coche y montarle vigilancia a Nuria. Está por decidir marcharse, pero un coche que reconoce de inmediato aparca y esboza una sonrisita arrogante al ver quién baja de este. –Vaya, definitivamente no perdió tiempo en buscarla –dice. – ¿Es él? –pregunta la persona ubicada en la parte trasera de su coche. –Si es él, ese es el miserable de Felipe Román –Ridey suspira. –Esperemos, tengo el presentimiento de que no se marchara hasta verla. –Bien –es la respuesta que recibe

