(Narra Alondra) Luego de despedirme de Eduardo, planché mi uniforme con las manos, me subí las medias hasta más arriba de la rodilla, limpie un poco la punta de mis nuevos zapatos colegiales de charol, me parecían aborrecedoramente horribles. Pero debía aceptarlos, me acompañarían todos los días de este nuevo proceso. Por lo menos el uniforme me agradaba. Desde hacía mucho tiempo entre mis disfraces eróticos figuraba uno de colegiala, no era tan bonito como este pero me hacía sentir especial. Estudiar siempre había estado en mis planes. Ingresé y la madre superiora me estaba esperando, me hizo seguir al despacho junto con una novicia que era muy agradable, se reía descontroladamente por cualquier cosa. ¡Ésta sería la monja que pondría del revés el convento! Era muy alegre y escandalosa

