Narra Alondra
Colgué el teléfono apenas escuché lo que Eduardo proponía, no sabía de lo que trataba. En este momento dudo sobre ¿quién está a mi favor? Los veo a todos con desconfianza así que cuando pagué por la llamada le pregunté a la señora:
__Disculpe mi Doña, pero ¿Qué es el bienestar familiar? __Ella se extrañó con la pregunta y me respondió con otra interrogante:
__¿Estas en problemas hijita? __Arrugué el seño para intentar quitarle importancia y le respondí: __La verdad, no. Solo tenía curiosidad de saber ¿Qué es?
__Bueno, es un organismo, que se encarga de proteger los derechos de los niños, adolescentes y jóvenes que sufren algún problema de abuso, abandonó, maltrato o que este relacionado con sustancias estupefacientes, ellos los protegen hasta que alcanzan la mayoría de edad y les ayudan a conseguir un trabajo para que se integren a la sociedad. __Terminó de decir y eso no me gustó.
Porque eso quiere decir que habían más jóvenes como yo que eran abusadas, eso me causaba una sensación de melancolía porque había experimentado en carne propia el horror del maltrato, agradecí y me retiré del lugar.
Pero tenía que existir otra opción. Así que me devolví e intente marcarle nuevamente a Eduardo, después de todo era la única persona conocida a la que podía recurrir. Apenas alcanzo a repicar una vez y contestó:
__Alondra sé que eres tú, si no deseas ir a algún lugar entenderé, solo dime ¿dónde estás? y te paso buscando, nunca te haría daño mi niña. ¡Por favor!
__Se oía desesperado y su voz estaba temblorosa; es como si hubiese visto a un muerto. Pero yo estaba viva y a salvo.
Lo cité en un hotel, tenía planeado pagar una habitación mientras él llegaba, no quería exponerme a que me encontrarán, nunca más. Tenía claro que volver a dejarme capturar de ese monstruo significaría la muerte para mí.
Yo era testigo del trato que le daba a sus enemigos, y en eso me había convertido: en su enemiga. Pero yo no tenía habilidades para defenderme de él, era un torturador, lo había visto torturar a un hombre en el bar. Yo estaba con un cliente y al parecer luego que solicitó servicios sexuales y consumió una cantidad de licor se negó a pagar. Entonces lo llevaron a un cuarto oscuro y yo de curiosa los seguí. Lo sentaron en una silla y lo dejaron a merced de Carlos.
Primero lo golpeó en la cara, le echaba agua fría con una manguera, le decía que debía sentar precedentes para que ningún otro cliente se le ocurriera hacer lo que él. Lo golpeaba sin ningún remordimiento y por último tomó un alicate y le cortó un trozo de un dedo. Lo soltó y le dijo que no podía denunciarlo o le mataría.
Nunca más regresó ese señor, y eso le hizo por no pagar una simple deuda, ahora no quiero imaginar lo que me haría a mí por doparlo. Aunque le habría puesto mil y una vez más veneno en su jugo pero la verdad no era una asesina, y sé que la vida se encargará de devolverle todo el daño que ha hecho.
Había usado el lorazepam que tomaba Danyra para poder conciliar el sueño, tomé seis tabletas y las disolví en la jarra del jugo de tamarindo, que sabía era su favorito. Con esa cantidad conseguiría sacarlos de mi camino por unas horas, pero debía desaparecer hasta el rastro porque pondría a sus secuaces a buscarme.
Todo me funcionó porque es un hombre muy predecible, tomaría mínimo dos vasos antes de iniciar a comer, le haría efecto en minutos. Por su parte Damián consumía drogas y con muy poco que tomara quedaría sedado, incluso sería riesgoso para él, pero era mi vida la que estaba en juego. Después de comer me llevarían al bar y recibiría un castigo, era la forma de doblegarme según él, pero había una decisión tomada en mi vida y era más fuerte que cualquier miedo que me atorméntara.
Había una nueva meta por la que debía esforzarme, conocer a mi dulce madre y sentir su aliento maternal brindándome protección, así la visualizaba, le imaginaba con mi tono de cabello o de pronto sería mi padre el que me lo heredó. ¿Cómo serán? ¿Aún me estarán buscando? O por el contrario ¿Se habrían rendido de buscarme? O peor aún ¿Estarían muertos? esta serie de preguntas me desaniman. Porque no hallo respuestas.
Volvía a maldecir la existencia de Danyra y su falta de bondad para no decirme quiénes eran... ¿Qué intentaría esconderme? o ¿De quién? y ¿Para qué? Pero tendría suerte y haría hasta lo imposible por conseguirlos.
En este momento extrañaba a Jena, un abrazo de ella me haría sentir amada. También me preguntaba cómo sería el encuentro de cada una de ellas con sus verdaderos padres. Solo me quedaba esperar. Sin embargo, rezaría para que alcanzarán su máxima felicidad al lado de sus papitos. Las amaba mucho, por eso aceptaba que fueran a buscar su verdad. Y pues si en algún momento regresaban me harían la mujer más feliz, pero si por el contrario se quedaban y sabía que eran felices también lo aceptaría.
Cuando llegó Eduardo me comunicaron por el teléfono de la habitación y bajé a buscarlo. Apenas cruce la puerta de mi cuarto lo alcance a ver, se veía sudoroso, su ropa estaba bastante descuidada y un poco sucia. Percibía que estaba realmente atormentado por algo o por alguien.
Me acerqué y me ignoró, trate de hablarle pero no me prestaba atención entonces decidí llamarlo por su nombre y se abalanzó hacia mí.
__Basta Eduardo, hueles terrible, sabes ya inventaron los utensilios de aseo personal, hombre. __Le dije en tono de picardía para cambiar su estado de ánimo. Entonces me soltó y empezó a decirme:
__Jamás te reconocería con esa ropa y ese cabello ¿Qué hiciste? __Seguía en su asombro mirándome le tomé de la mano y le dije a la recepcionista:
__Es mi padre y se quedará conmigo un rato, podrían enviarme un albornoz para caballero. ¡Por favor! Además voy a querer algo para comer. Muchas gracias. __Le ofrezco una sonrisa y ella muy amablemente accede a solucionar mi pedido.
Al voltearme a ver a Eduardo pequeñas lágrimas bajaban de sus ojos, y me preguntó:
__¿Por qué dijiste que era tu padre? __Se limpiaba sus ojos que eran azules y ahora estaban irritados. De verdad que habían emociones muy fuertes que este hombre estaba experimentando. Lo animé a calmarse y a seguirme.
Una vez dentro de la habitación, entré a la ducha y le preparé la temperatura del agua para que se duchara y se relajara.
Me interesaba que estuviera con sus ideas en calma para trazar los planes de mis siguientes dos años.
Debía esperar dos años para ser completamente libre. Bueno lo aprovecharía de la mejor forma, ya se me había ocurrido una idea y lo mejor sería convencer a Eduardo de que funcionaría. Aunque la verdad era la única salida que veía más asequible. Porque a esta hora ya me estarían buscando hasta debajo de las piedras. ¡Lo presentía!
Salió con su bata de baño, se había peinado, perfumado y era otra persona muy diferente, trajeron la comida y nos sentamos juntos a disfrutarla, también solicite servicio de lavandería, no lo dejaría ponerse esa ropa sucia. Era un hombre con estilo, siempre lo había conocido así.
No sé cuantos años llevaba trabajando para Danyra, era su hombre de confianza. Alguna vez pensé que era su amante pero no resultó ser verdad. Se tenían mucha confianza y en ocasiones se encerraban por largas horas en el despacho, y ver cómo se desvivia por ella me había llevado a pensar en esa opción. Pero después escuche a Danyra diciéndole que ellos no podían ser algo más que amigos, además que ella era la jefe y él un simple empleado. Y sin embargo la seguía y cuidaba como un perro fiel.
__¡Quiero estudiar! __Le lancé de sopetón. Era algo que había discutido muchas veces con Danyra, deseaba estudiar, pero siempre obtenía un no por respuesta. Tenía tantas ideas en mi cabeza que quería ver realizadas, y se había llegado el momento. Debía empezar a intentar materializarlas, era como el primer paso para ver más de cerca mi sueño, un sueño maravilloso que me hacia levitar de felicidad.
En cambio ahora Eduardo se ha puesto a sonreír y me ha dicho: __¡Por supuesto! Será la forma más perfecta para aprovechar el tiempo, ¿qué te parece si te ubico en un colegio privado de monjas? Jamás te encontrarán allí. Y tendrás la oportunidad de cambiar tu vida para siempre. Te graduaras mi niña y podrás emplear tu fortuna para tener tu propio negocio. ¡Yo te apoyaré! Quiero verte sonreír siempre, quiero verte triunfar mi niña. ¡Nunca me voy a ir de tu lado!
No sabía de lo que hablaba, ni de lo que me esperaba, pero cualquier opción era viable en ésta situación que estaba viviendo. No regresamos a la anterior casa, pagamos varios días en el hotel mientras gestionaba lo de mi ingreso al internado. Recuperó mis documentos, y esa llave que me había dejado Danyra.
Algo debía significar, pero cuando tuviese el tiempo lo averiguaría, es muy probable que era alguna pista para encontrar mi verdad, pero igualmente seguía siendo una incógnita. O tal vez no significaba nada.
Estando en el hotel hacía ejercicio para pensar en otras cosas, veía películas, esos días transcurrieron con un miedo constante, cada vez que tocaban la puerta el corazón se me quería salir por la boca, pensaba que me habían encontrado. Por las noches me despertaba con frecuentes pesadillas y me costaba conciliar el sueño. Podía dormir durante el día cuando me aseguraba que Eduardo estaba cerca y le sentía protegida.
Es muy difícil reponerse de situaciones que nos afectan y sobre todo porque prácticamente mis dieciséis años de vida habían sido de constantes ataques de pánico, por un momento podía estar tranquila y era cuando estábamos en el bar, porque allá cambiaba el trato hacia nosotras y nadie diría que trabajábamos obligadas allí. Se dirigía a nosotras con palabras amables y nos presentaba ante los clientes como sus niñas.
Pero al acabar el turno volvía a ser el mismo ogro de siempre y con insultos y feas palabras nos amenazaba para que dejáramos el lugar impecable. Ya te imaginarás el cansancio con el que llegábamos a casa. Y al día siguiente la misma función. No había un día libre para nosotras, siempre sabía cuándo llegaría nuestro periodo y nos inyectaba para que sí o sí tuviésemos que trabajar.
Nos explotaba cruelmente, al inicio nos rehusabamos pero después de golpizas, castigos nos resignamos a ceder ante sus peticiones, era eso o prácticamente esperar la muerte. Y solo nos dedicamos a cumplir órdenes para estar un poco tranquilas. Todas le teníamos miedo, cuando gritaba por cualquier cosa entrábamos en shock.
Afortunadamente y nunca intento propasarse sexualmente con alguna de nosotras, pero asumo que lo hacía para mantener la fachada de ser nuestro padre. Para mí ese hombre es la maldad personificada, no creo que exista alguien más terrible que él.
Muchas veces frustrada lloraba y quería morirme pero ahí estaba Jena dándome valor y me repetía que en cualquier momento todo eso iba a terminar, ella lo presentía y sucedió, se hizo realidad aunque debiera empezar desde cero.
Y entonces recordé la canción que canta Frozen cuando se decide a ser ella misma que dice:
"Mirando a la distancia,
Pequeño todo es
Y los miedos que me ataban
Muy lejos los dejé
Voy a probar que puedo hacer,
Sin limitar, ni proceder.
Ni mal, ni bien obedecer
Nunca más...
Libre soy, libre soy.
El viento me abrazara
Libre soy, libre soy
No me veré llorar"
Así mismo haría yo, por fin era libre y reviria los sueños que habían estado ocultos en mi corazón. ¡Libre soy!