Capítulo III ☀️

2003 Palabras
(Narra Alondra) Estoy desconcertada por la forma en que sucedieron las cosas. De un momento a otro nuestra vida se derrumbó porque había sido construida sobre mentiras y falsas promesas. ¡Una verdadera injusticia humana! Estos primeros días sin gritos, ni órdenes que cumplir han sido extraños, no me bañé en dos días y no pasó nada, me sentía con un bajón de ánimos impresionante. No tenía motivación, no quería ni existir. Después de intentar asimilar la situación, mis hermanas también sienten el fresco de la libertad, nadie nos presiona para hacer algo que no nos place, al salir de paseo los chicos nos ven de una forma diferente a la que nos veían en el bar. Incluso nos saludan de una forma diferente: ¡Hola señorita! ¡Hola joven! ¡Hola niña! Hasta princesa me dijeron. ¡Se siente bonito! Afortunadamente tenemos a Eduardo, el chófer que Danyra pagó para que nos cuidara varios meses mientras emprendíamos la búsqueda de nuestra familia, bueno, emprenden las demás, porque no tengo ni la más mínima idea de quién pueda ser mi familia. O algo peor ¿Quién soy yo? ¿De dónde salí? Necesito aferrarme a algo y lo más cercano que tengo son mis hermanas y a Eduardo, a quién le entrego mis documentos y mi cuenta bancaria, porque en realidad no puedo retirar mi dinero hasta que cumpla mis dieciocho años, y apenas recién cumplí dieciséis. En todo este tiempo no sé qué voy a hacer. Debo retomar los sueños que tenía cuando era una niña. Recuerdo un verso que escuché cuando era niña en una emisora y decía "Pisa las nubes, bebe la niebla, la alondra remontándose" y de esa manera mi imaginación jugaba a que cada mañana mi pequeño cuerpo salía por la ventana y rompía vuelo al horizonte Pasaron varios días y ya mis hermanas tienen planeado el viaje de regreso para conseguirse con sus familias, de donde nunca las debieron apartar, han usado las r************* y han creado conexiones que les pueden llevar a sus verdaderos padres. Tengo un poco de miedo, no creo que las vuelva a ver, ellas prometen que no van a olvidarse de mí pero yo siento que apenas crucen esa puerta dejaré de existir para ellas. No las quiero acompañar al aeropuerto, no puedo, un dolor muy grande se me agraba en el pecho al ver sus equipajes en el pasillo. Prefiero quedarme con mi cabeza metida en la almohada llorando, ahora sí es verdad que el panorama me pinta gris. No sé qué hacer para poder sobrevivir, mis hermanas me han dejado dinero suficiente para estar bien unos meses. Las recuerdo y muero de tristeza, siento mi corazón arrugadito y una sensación que me recorre desde los dedos de mis pies hasta mi cabeza, me escondo debajo de la cobija porque la verdad necesito escapar de la realidad. Escuchó que están tocando la puerta y me parece un poco extraño, Eduardo debería tener sus propias llaves. No quiero moverme pero vuelven a insistir. Así que me levanté arrastrando mis pies a cada paso que doy. Abro la puerta mientras bostezaba y me limpiaba los ojos. Entonces me empujaron hacia adentro y caí en el piso, justo fue ahí cuando supe que estaba perdida. ¡Me había encontrado! Empecé a llorar porque sabía que lo siguiente que vendría serían unos cuantos golpes… No era la primera vez que vivía está situación. __¿Qué pensaron? Qué podrían escaparse de mí, ¡Ingenuas! ¿Dónde están las demás? ¿Dónde está Aneu? ¡Traidora de porquería! __Gritaba mientras empezaba a buscar por toda la casa. Entonces limpié mi cara, me armé de valor y le dije: __¡No las encontraras jamás Carlos! Ellas son libres, no te pertenecen, nunca fuiste nuestro padre, fuiste un cerdo que se aprovechó de la situación y nos usó a su antojo, pero eso se acabó. ¡Ya no puedes obligarlas a volver! Se volteó hacia mi, me cogió de un brazo y me arrastró con él a los cuartos para verificar. Luego volvimos a la sala de la casa, me lanzó encima del sofá y empezó a decir: __Son unas desagradecidas, les di techo, comida, tuvieron una vida de lujo comparada con la miserable vida que les esperaba, tienen su fama en el bar, y jamás dejarán de ser prostitutas. Jamás podrán ver a un hombre con otros ojos que no sea de deseo, porque eso lo llevan en la sangre. ¡Aunque se bañen y cambien sus ropas, jamás se les quitará el aroma de putas! __Lo dijo con tanto odio en sus palabras y podía notar el desequilibrio que habíamos creado en su vida al huir. Entonces me levanté y le respondí: __¡Te equivocas! Nunca miramos a los hombres con deseo, les mirábamos con asco, al igual que ahora lo estoy sintiendo por ti, ¡Eres una bestia asquerosa! Y sabe que es lo mejor; que los hombres ya no nos ven como a un pedazo de carne puesto en una bandeja. ¡Porque tenemos una nueva vida! ¡Somos libre y podemos decidir! ¡Ser putas como dices no fue nuestra elección! Apenas terminé de escupir mi despreció en la cara de ese hombre, me dió un fuerte bofetón y me hizo trastabillar. Entonces me agarró del cabello y me levantó. Desde que supo que era mi debilidad, me amenaza constantemente con cortarlo y por temor a que lo haga siempre termino haciendo lo que quiere. No saben el sentimiento que estoy experimentando en estos momentos, es algo tan intenso de hacerle daño o que le ocurran las mil y una desgracias a la vez. Siempre ha sido un tipo perverso que engaña a la gente y los estafa con astucia. Seguidamente entra su lavaperros Damián, es como la sombra de Carlos, me sujeta por el brazo y dice en mi oído cosas asquerosas. Por mucho tiempo pensé que estaba enamorada de Damián, pero después ya no quise estar íntimamente con él y las cosas se pusieron feas. Afortunadamente tenía la fuerza de mis hermanas y conseguimos que nunca más se atreviera a solicitar mis servicios. Pero ahora estaba a su disposición y se vengaría de mis desaires. A empujones fui sacada de la casa y me subieron a su auto, otra vez me llevarían a ese antro de porquería. Pero no, para mí beneficio me llevaron a la casa. Llegamos y me encerró en mi antiguo cuarto. ¡Me sentí segura! Todo seguía igual con la excepción de que ahora estaba sola y encerrada. Debía pensar en alguna estrategia que me ayudara a escapar. No volvería a dejar que me utilizaran jamás, no si podía evitarlo ¡Nunca más seria una golfa! Tomé un bolso y lo llené con ropa, recordé que debía buscar un poco de dinero, levanté el colchón y saqué lo que había alcanzado a reunir, gracias a Dios que no lo había tomado anteriormente. Siempre había sentido la necesidad de ahorrar y cuidaba mucho el dinero. Todo el tiempo acostumbraba a llevar vestidos largos y anchos, pero ahora necesitaba ir más liviana, no entiendo porque no acepté que Sabah cambiará el estilo de mi ropa, pero ¡Sabah! ¡Sabah! Y recordé que teníamos una mini ventana por donde me pasaba a su cuarto para ver alguna película o simplemente chatear con personas de otros lugares. Puse la cama y la mesa contra la puerta por si regresaban por mí no descubrieran el pasadizo secreto. Quité con cuidado las pinturas y pasé. Tranqué con cuidado la cerradura del cuarto de mi hermana y busqué entre su ropa, esta mujer tenía un tesoro en su vestidor. Tenía un buen gusto por la moda. Saqué lo que considere que me serviría para cambiar mi estilo, Sabah no era tan alta como yo, pero si teníamos la misma contextura. Dejé todo en su lugar y volví a mi cuarto, saqué los vestidos que ya había guardado y metí las nuevas prendas. Ordené el cuarto y escondí debajo de la cama mi equipaje, escaparía en la madrugada. Estaba acostumbrada a hacerlo. Pero aún faltaban muchas horas para que acabará el día. Entonces me detuve a pensar ¿A dónde iría? ¿Sería seguro salir a esa hora? Sacudí los pensamientos negativos porque debía hacerlo, estaba en ese dilema cuando Carlos golpeó fuertemente la puerta, abrió y entró __¡Necesito que prepares algo de comer, me estoy muriendo de hambre! __Dijo mientras se acercaba pero yo me levanté de la cama dispuesta a colaborar, algo se me ocurriría… Baje las gradas pensando, ¿Qué podía hacer para huir lo más rápido posible? Bueno ya se me ocurriría, y una vez en la cocina empecé por querer limpiar la losa sucia antes de cocinar, la verdad también tenía mucha hambre. En la mañana por estar pensando en la despedida se me había olvidado comer. Y fue allí lavando los platos cuando se me ocurrió la más fabulosa idea, creo que la estrategia para idear con claridad un plan, es despejar la mente. Seguí limpiando y abrí el refrigerador, saqué los bistec, las verduras, la fruta, tenía guanábana, melón, tamarindo. Opté por el tamarindo. Desde niña había sido muy curiosa y observadora, con una memoria muy lúcida y solo me bastaba fijarlo unos minutos para recordarlo las veces que quisiera. Siempre preguntaba el uso de cada cosa y ahora sacaría provecho de esos conocimientos. Adobé los bistec con muchas yerbas aromáticas, puse a la plancha un trozo de carne y lo comí cuando estuvo listo, luego empecé a preparar una deliciosa ensalada César. Mezclé el jugo, puse el resto de los bistec a la plancha. Sabía que no me obligarían a comer con ellos porque debía asear la cocina. Era la norma de la casa, el que cocinaba limpiaba todo y finalmente se sentaría a comer. Un poco cruel pero en este momento me favorecía por lo que estaba a punto de hacer. Al igual que esta habían millones de normas absurdas que nos obligaban a cumplir, por mencionar algunas: no podíamos mirar hacia la calle por las ventanas, si llegaban visitas debíamos permanecer en el cuarto en silencio hasta que se marcharán, siempre nos mantenían ocupadas para que no pensaramos. Serví en contenedores grandes cada alimento. SeDe modo que cada uno debiera servirse su porción, se veía apetitoso, cuando era mi turno en la cocina solía destacarme, me agrada cocinar, llevé los alimentos a mesa, y dije en voz alta: __¡Ya está servido! __Acto seguido me retiré a la cocina. Lavé y sequé los trastos que había utilizado, todo debía quedar en perfecto orden. Programé dieciocho minutos en el microondas y lo encendí. Quería llevar el tiempo para calcular el momento exacto en el que caerían. Pero también tenía miedo que descubrieran mi estrategia y terminará pasándola muy mal el resto de mis días. Pero las cartas estaban echadas a mi favor. ¡Todo tenía que salir perfecto! Luego de cinco minutos, ya podía oler mi libertad. Encendí la radio y puse una emisora en la que estaba sonando Maroon five con Memories. Amo esa canción, una vez me la tradujo Sabah y habla de los recuerdos como honor a algo o a alguien que hemos perdido en el camino. Me sentaba de maravilla, así que cerré los ojos y sentí como mi piel se erizaba. Yo había perdido todo en el camino… Pero me quedaba brindar porque aún seguía de pie y guerrearía hasta el final con todas mis fuerzas. Me senté un momento y seguía atenta al ruido de los cubiertos del almuerzo de Carlos y Damián. Me lavé la cara con agua y el jabón de lavar los platos, olía a manzana, apagué la radio, ya en el microondas marcaba cinco minutos de espera. Sequé mi rostro, alisté una botella de agua fresca, percibí que el ruido en el comedor había disminuido, sonó el microondas anunciando que había llegado la hora de partir...
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