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1755 Palabras
Ashton Con mi carrera en ruinas, mi historia con Megan turbia y nublada por un beso que prácticamente le impuse, me despierto con resaca y sin esperanzas. No debí haber regresado. Si no lo hubiera hecho, el trabajo de Megan no estaría en riesgo. Tengo que haber algo que pueda hacer para solucionarlo. Incluso si mi carrera es está yendo al carajo, al menos puedo aprovechar lo que queda de mi reputación en el campus. La idea me inspira. Hubo un tiempo en que había destruido toda esperanza para mí y para Megan, pero ahora tengo la oportunidad de hacer al menos una cosa bien. Me doy una ducha a toda prisa, bajo al garaje y entonces recuerdo que he dejado el coche el estacionamiento de Lous Bar. Gracias a dios por Uber. Mientras espero a que llegue mi coche, hago un plan. —Hey, ¿el partido del año pasado contra los Ángeles? — El conductor me mira por el espejo retrovisor. Tiene algo de pelo oscuro y rizado y gafas de sol de aviador, pero no puedo quitarme de la cabeza que lo conozco, tal vez es por la voz. —Tu línea ofensiva te ha fallado, hombre— La verdad es que ni siquiera recuerdo la mayor parte de ese juego, me habían mandado a la banca en el primer cuarto y pase el resto del partido intentando ver con claridad. Había estado tan desesperado por permanecer en el juego, por no ser reemplazado por el novato más joven y fuerte, que casi me mate tratando de terminar fuerte. Habíamos perdido por dos touchdowns. —Para ganar o perder se necesita un equipo entero— pero había sido yo, y mi juego egoísta, mi miedo a ser reemplazado, lo que había hecho perder ese partido y muchos otros. —Si, pero quien tiene que protegerte. Cuando no estás seguro en el bolsillo, no puedes lanzar un pase. Es la ciencia del futbol— digo y el conductor se ríe. —No es ciencia espacial— Suena como nuestro entrenador de la línea de la universidad. Exactamente como nuestro entrenador de la línea de la universidad. —¿Te conozco? — pregunto con curiosidad —Me lastime la rodilla el último año— Me mira de nuevo y se baja las gafas de sol. —¿Cómo has estado Ash? — —¿Hicks? — Robin Hicks había sido m*****o de la fraternidad hasta el partido de Alabama, cuando nuestro mundo ya estaba en camino a la implosión y él se había hundido y nunca volvió a levantarse. Había sido un receptor abierto All-Star que podía correr más rápido que un guepardo. Y había recibido ofertas de tres equipos profesionales. Había estado tan ocupado haciéndome un nombre que me había olvidado de el. Sin embargo, podría haberlo reconocido si no hubiera estado usando esas malditas gafas de sol y sentado en el asiento delantero mientras yo me sentaba en el trasero. —Si— asintió. —Tú tienes el contrato, y yo tengo tres cirugías y una licencia de chofer— La amargura en su voz me hizo querer compartirla con un viejo amigo. Pero no lo haré sentir peor diciéndole lo genial que no es mi contrato, como a veces no puedo recordar mi propio nombre o como mi visión se nubla lo suficiente como para que una vez me pase una señal de alto…no la intersección, si no la señal en sí. —Lo siento Robin— —Está bien. tengo una esposa, tres hijos, un perro. Podría haber sido peor— Su voz es baja, cargada de decepción, probablemente por lo que podría haber sido si no nos hubiéramos separado. Pero si soy sincero, su vida me parece bastante genial. —Genial— Saca una foto del salpicadero y me la entrega por encima del asiento. —Ella es Amy. ¿la recuerdas? Luka…— Oh, mierda. Si me acuerdo de ella. De anoche. La novia de Alan —¿Y estos son tus hijos? — Él se ríe. —Si. Su pelo rojo. Mis rizos— Asiente, pero no me mira. —Éramos amigos antes…paso todo y ella vino al hospital a verme todos los días después de que me lastime— Es gracioso ver las cosas que no puedo recordar en comparación con las que si puedo recordar. —La llevaste a casa después de esa noche— Ella salió del dormitorio, molesta y llorando. Liam y yo estábamos en la cocina cuando escuchamos el video, pero alguien lo apago antes de que pudiera llegar a la sala. Un par de chicos se rieron, pero Robin la siguió. —Si, Luka siempre fue un imbécil— se ríe. —Pero claro, todos lo éramos— Y no éramos los únicos. Su esposa parece tener algunas explicaciones que dar. El código de conducta de los hermanos decía que debía decírselo, pero al entrar en el estacionamiento de Lous y se estaciona y dice. —Deberías de venir a cenar mientras estas en la ciudad. Amy hace un pastel de carne buenísimo— Bien, ¿no será eso realmente incómodo? Pero había sido un buen amigo en el pasado y me había salvado el pellejo. Una cena incómoda no es demasiado pedir, le debo eso. —Si, suena bien. ¿puedo llevar a alguien? —Si Megan alguna vez quiere volver a verme, pienso que le gustaría ver como se desarrolla esto. El asiente y se ríe. —Si ¿Qué tal el viernes por la noche? ¿Después de la reunión de exalumnos? — —Genial. Suena genial— Mas que nada quiero llamar a Megan y pedirle que venga conmigo. también quiero contarle lo que se. Me pregunto si su número sigue siendo el mismo. Diez años atrás… Regreso a la casa de la fraternidad con la sonrisa más grande que jamás había sentido en mi rostro. A pesar de no haberme acostado con ella, nunca había estado tan feliz de acostarme con alguien, de hecho, nunca lo estuve. Al menos no desde que me quedé dormido con Leah Martin en noveno grado cuando ella vino a visitarme después de que sufrí mi primera conmoción cerebral en una práctica de futbol. Esta sonrisa me acompaño hasta el momento en que me vio en una clase de estudios cinematográficos y se sentó frente a mí en el otro lado de la habitación. Ciertamente no es la reacción que esperaba de alguien que se acurrucó a mi lado y apoyó la cabeza en mi hombro mientras yo observaba sus parpados parpadear y sus suaves y lentas sonrisas mientras soñaba. Y no voy a dejar pasar esto. Recojo mis cosas y me muevo para sentarme a su lado. ella respondió volviendo al asiento que yo había dejado libre. La profesora me observaba mientras la seguía de nuevo, pero no me importó . —No seas el tipo del que tengo que conseguir una orden de alejamiento— me susurra las palabras, y la profesora se aclara la garganta y nos lanza una mirada fulminante mientras se proyectan a los actores de una película en la pantalla cantar una canción. ¿Qué demonios paso? Hace tres horas, ella estaba acurrucada a mi lado con su brazo sobre mi estómago y su rodilla doblada sobre la mía, hace tres horas. —Megan, ¿Qué pasa? — El momento desafortunado en que se produjo el silencio en el video hizo que mi pregunta sonara mucho más fuerte de lo que pretendía. La profesora detuvo el video. —¿Podrían ustedes tomar su asunto afuera? — Megan resoplo fuerte, recogió sus cosas y luego camino furiosamente hacia el frente de la clase y salió por la puerta. La seguí porque de ninguna manera puedo dejar esto pasar así. Camino unos pasos hacia mí y luego se da la vuelta para mirarme. —Mira, Ashton, esto fue una mala idea, un error— su piel se tiño de un rojo oscuro, pero se da la vuelta para alejarse nuevamente y como soy patético con ella, la sigo. —Por favor, Megan. Háblame— se detuvo y suspiro como si realmente la estuviera molestando. Abre la boca, la cierra de golpe y la vuelve a abrir. —No— —¿Qué hice? — por primera vez en mi vida, realmente siento un dolor en mi corazón. Por una chica y, para ser claro, es una chica a la que solo conozco desde hace un par de días. Suspira y frunce los labios. Esperaba que eso significara que me lo va a decir, pero vuelve a negar con la cabeza y sigue caminando. Después de un minuto, regresa mientras rebuscaba en su bolso y me entrega su teléfono móvil. —Pon tu número de teléfono aquí— —Está bien— tomo el teléfono, esperando que fuera una buena señal. Cuando se lo devuelvo , ella se da la vuelta otra vez y, esta vez se aleja corriendo. Un minuto después, mi celular suena con un mensaje de texto. “Tienes más experiencia que yo”. Me quedo mirando la pantalla hasta que me doy cuenta de lo que quiere decir. Entonces sonrío. Yo: ¿Es eso un problema? Esta claro que es por ella, pero también explica por qué había actuado como si yo le hubiera contagiado una enfermedad: estaba avergonzada. La imagino con la piel sonrosada mientras se muerde el labio inferior. Megan: Ni siquiera sé cómo hacer sexting. Que ella haya pensado en estar conmigo como algo más que una amiga me calentó el estómago e hizo que mi pene se estremeciera cuando llega otro mensaje de texto. Megan: Lo intente esta mañana antes de darme cuenta de que no tengo tu número. Pero nunca hacer y decir esas cosas. Siento un alivio que se mezcla con el deseo de verla. Necesito salvar este momento. Necesito salvar lo que sea que este pasando entre nosotros. Yo: Megan, no tenemos que enviarnos mensajes sexuales o incluso tener sexo. Solo quiero conocerte. ¿puedo verte esta noche? Pasaron cinco minutos enteros, minutos que pase mirando mi teléfono, para que ella respondiera. Megan: Puedes verme ahora. Camina por el costado del edificio. Esos minutos incomodos y desgarradores que acabo de sobrevivir valieron la pena cuando doblo la esquina y ella me empuja contra el ladrillo, pegando sus labios contra los míos. Haciendo de esta la mejor mañana que he tenido en mucho tiempo.
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