CAPÍTULO TREINTA Y TRES "p**i, ¡despierta!" Caleb abrió lentamente los ojos. Los sentía muy pesados. Nunca los había sentido tan pesados, y le tomó todo el esfuerzo del mundo abrirlos. Allí, de pie junto a su cama, estaba su hijo. Jade. Jade estaba sonriendo, y se veía lleno de luz. Había luz a su alrededor, y una luz brillaba detrás de él; Jade tenía la sonrisa más angelical en su rostro. "p**i,” dijo, “¡es hora de que vengas a jugar conmigo!" Lentamente, Caleb se sentó en la cama, le dolía cada músculo de su cuerpo, extendió su mano para tocar a Jade. La mano de Jade estaba caliente, y sonrió con gusto. Se sentía tan bien tocar a Jade otra vez, ver a su hijo en carne y hueso. Caleb estaba abrumado por la emoción. “¿Jade? Pensé que estabas muerto.” Simplemente, Jade le devolvió la

