-Buenas tardes, paquete para la señora Miriam Ganson. -Un repartidor de una reconocida institución en el país informaba la llegada de un envío después de haber tocado la puerta en un par de ocasiones.
-Buenas tardes joven, en un momento le llamo. -Le atendía una mujer rubia de mediana edad que había salido para atender el llamado. -¡Miriam te llegó un paquete! -Gritó al fondo de la sala donde la buscada mujer estaba sentada frente a una computadora. -En un momento le reciben. Le indicó al joven mientras emparejaba la puerta del cómodo apartamento 202 del edificio ubicado en la colonia Insurgentes de la ciudad.
Un departamento muy amplio y con una excelente vista no solo al interior del edificio sino también a la larga calle transitada. Era una zona considerada de alto prestigio y los departamentos no era la excepción. Tenían tres habitaciones, dos baños una gran cocina amueblada, sala y un pequeño balcón en donde muchos decidían colocar plantas. En la parte trasera había un cuarto de servicio que generalmente se usaba para labores domésticas como lavar o planchar.
La familia Ganson se esforzaba por tener el suyo limpio, ordenado y muy bien decorado. Haciendo un juego de colores con el blanco y el color chocolate que daba a las paredes un tono elegante.