Entramos los dos a su despacho, dándome cuenta de que echó el pestillo a la puerta, se quitó la chaqueta dejándola en el colgador que había, sentándose después en la esquina de su mesa mirandome. — Ya estamos aquí, ¿qué desea mi jefe? — pregunte — Subete la falda, quiero ver lo que es mio — me dijo haciendo que me diese la risa Aaron se levantó acercándose cada vez más a mi, cogiendo mis brazos con sus manos, mirándonos los dos muy serios — No juegues conmigo, soy tu marido y el dueño de ti y de tu cuerpo, no le pague a tu padre para que tu y yo juguemos a las casitas, ya sabes lo que quiero de ti, si en un año no me das a mi hijo, me divorciare de ti, y tu y tu familia os quedareis mendigando en la calle — me dijo mientras rozaba sus labios con los míos —- Suel-ta-me, — le conteste m

